El virus en la tesorería familiar

“Ahora que estamos secos, todos aparecen para pedir guita”, se queja Gastón, Gerente General de la empresa que es propiedad de su familia, mientras hablamos por teléfono.  Este tema estuvo presente en todas las reuniones que tuvimos en los últimos tres meses.

Por Mg. Sergio Messing

De diferentes formas, por distintas vías, cada uno en su medida, los familiares le reclaman dinero.  La crisis económica, consecuencia de la crisis, les llegó a todos.

Gastón y sus dos hermanos son propietarios del cincuenta por ciento de la sociedad que explota una fábrica de herramientas en la provincia de San Luis, y vende lo que produce en todo el país, exportando a distintos mercados en América del Sur.

Sus padres son propietarios de la otra mitad del capital.  Ellos fundaron la empresa y se retiraron hace cinco años.

Gastón ocupa el puesto de mayor responsabilidad en la operación directa.  Su hermana Carolina está a cargo de la logística.  Daniel, el tercer hermano, no trabaja en la empresa, pero es su proveedor, ya que tiene una distribuidora de repuestos para equipos de la industria metalúrgica.

Siempre, todos, retiraron dinero de la empresa en la medida de sus necesidades.  La vida austera es parte de la cultura familiar, y se paga con la caja del negocio, que siempre ha tenido dinero suficiente, fruto de trabajo organizado y metódico durante años.

Y ahora que la caja está anémica, la familia se enfrenta a una situación desconocida, que no saben cómo resolver, y que genera tensiones entre los familiares:

Las necesidades que tienen los familiares no pueden ser atendidas en su totalidad por las finanzas de la empresa, y los retiros que antes se hacían sin inconvenientes, ahora tienen límites que van variando de un mes a otro de acuerdo a las disponibilidades, y quien tiene a su cargo operar ese mecanismo de regulación es Gastón, que tiene que negociar de manera permanente con sus padres y sus hermanos.

Los padres, que no tienen otros ingresos que los retiros que hacen de la empresa, están ajustando su modo de vivir porque no quieren generar más dificultades de las que ya tiene la empresa y, en cierta medida, tienen vergüenza de pedirle a uno de sus hijos más de lo que este, como administrador de la empresa, les hace llegar para cubrir sus gastos.

Daniel, el hermano/proveedor, no puede cobrar lo que la empresa le debe, porque Gastón cree que ese es el sacrificio que su hermano debe hacer por la empresa de la que, también, es dueño en parte, olvidando que el negocio de Daniel tiene que seguir operando, con los mismos problemas y restricciones que tienen la mayoría de las empresas ante esta contingencia.

El manejo del dinero

No es un problema mientras el dinero alcanza para satisfacer las necesidades de todos, o no hay un acontecimiento que pone en tela de juicio el modo en que se manejó hasta ese momento. Cuando alguna de estas situaciones se presenta, o ambas en forma simultánea, la posibilidad de que se produzcan conflictos es alta, y lo que fue una pacífica conveniencia que pagaba con silencio la comodidad del bolsillo lleno, se vuelve una infinita sucesión de quejas y reclamos.

Los apremios financieros de la empresa se trasladan a los familiares.  Los que trabajan en la empresa comprenden la situación, pero no los que no están en la diaria no lo tienen tan claro.  Y estos últimos, socios pasivos de la empresa familiar, a veces, pierden la confianza en los primeros, socios activos, que son los que administran el patrimonio de la familia.  Una mezcla de pensamientos y emociones que pueden producir una explosión con onda expansiva a todos los rincones de la empresa y la familia.

Los socios activos y los socios pasivos, todos familiares, tienen intereses comunes, pero también tienen intereses opuestos.  Todos quieren que la empresa sea rentable, cuanto más mejor, porque esa ganancia que se genera hacer crecer su patrimonio, la empresa, y llega a su bolsillo a través de la parte de las ganancias que, cuando hay, se reparten.

La divergencia

Se origina en que los socios activos, como administradores de la empresa familiar, quieren disponer de la mayor cantidad de dinero para financiar nuevos negocios, invertir en el desarrollo de los ya existentes y contar con el respaldo financiero que les de tranquilidad para gestionar.  Quieren tener el dinero de la empresa, que en parte es de la familia, en la caja.  En cambio, los socios pasivos quieren que la empresa distribuya la mayor cantidad de ganancias posibles, porque la prioridad de ellos está puesta en sus finanzas personales, y los proyectos de la empresa no tienen ni la importancia ni la urgencia que tienen para los familiares que administran.

Los que le faltó a la familia de Gastón, o la discusión que siempre eligieron eludir para no generar enfrentamiento de intereses, y tensiones familiares indeseadas, es como se maneja el dinero de la empresa, y cuanto y en carácter de que, cada uno de los familiares se lleva dinero a su bolsillo.

Una conversación, una negociación, un acuerdo, en el que todos expresen lo que entienden, lo que desean, y lo que pueden, para que los familiares reciban de la empresa el dinero que les corresponde, según el rol que desempeñan, y que eso permita, por un lado, que la empresa disponga de los recursos financieros que requiere para sostenerse y crecer, porque cada vez habrá que alimentar más bocas, que los propietarios reciban una renta razonable que la parte del patrimonio que es de ellos, y que los que lo administran sean pagados con la retribución que corresponde.

Quizás, en este momento de estrechez e incertidumbre, los miembros de la familia tengan que reducir sus expectativas para proteger la empresa, con excepción de los padres que, a esta altura de sus vidas, no debieran pasar por incomodidades.

Hablar lo que hace falta hablar, sin esquivar nada, para que los períodos de normalidad sean pacíficos y florecientes, y los de crisis, sean ajustados, tensos, sin llegar a angustias y fracturas.  Familia y empresa alineadas, comprendiendo lo que ocurre, compartiendo objetivos y respetando acuerdos.

Difícil pero no imposible. Un poco menos si se cuenta con ayuda profesional.