Trabajar hacia adentro mirando hacia afuera

“Tengo todo prendido fuego, y parece que me escondieron la manguera”, me dijo Humberto, en una conversación por Skype que tuvimos la semana pasada. Nunca había escuchado esa voz desde que trabajamos junto a él y su familia, hace un año y medio. Confundido y solo, eso me pareció.

Por Sergio Messing

Su hermano menor, Mariano, y él, son propietarios y directores de una empresa cordobesa que fabrica partes de carrocerías de autos y camionetas.

Humberto tiene sesenta años, está casado con Laura desde hace treinta y cinco, y tiene tres hijos de treinta y dos, treinta y veintiún años.  La mayor es ingeniera química y trabaja en el laboratorio de la empresa, la del medio es escribana y ejerce su profesión, y el menor estudia Sistemas de Información y hace algunas changas en la empresa.  “Para que aprenda a trabajar”, dice el padre.  Laura es la gerente financiera, columna vertebral de la empresa.

Mariano tiene cuarenta y cinco años, está divorciado, y tiene una hija de dieciocho.  Desde hace cinco años está en pareja con Alejo, quien atiende el área de comercio electrónico de la empresa.  Luciana, la hija de Mariano, lo ayuda desde la casa con las redes sociales.

El clima familiar es de cariño y armonía, aunque las distintas opiniones sobre lo que ocurre, lo que ocurrirá, y más que nada respecto de lo que hay que hacer, hace que algunas veces las voces suban y la sangre se caliente.

Las familias empresarias tienen una cultura de trabajo marcada por la iniciativa y la tenacidad, que deja poco lugar para alojar el malestar, cuando la situación desfavorable está fuera de su propio control.  El hábito de ir para adelante no deja oportunidad para bajar los brazos, aunque sea para que estos descansen un poco.

La pandemia es una situación extraordinaria, sin antecedentes, y, por lo tanto, sin posibilidades de que ninguna familia empresaria tenga experiencia en el manejo de la contingencia.  Las crisis anteriores, que hubo muchas y variadas, dejaron algunos reflejos que hoy juegan en contra.  Nada se resolverá usando las recetas que en otras oportunidades fueron efectivas. Vivimos un evento global y simultaneo, en todos lados y al mismo tiempo, que no sabemos cuándo terminará.

La pregunta de todos es: ¿qué hacemos? 

Y la tentación de muchos es recurrir a las viejas herramientas con el objetivo de ponerse en movimiento, y así sentir que están haciendo, y esperar que la acción alivie el malestar.  Malas noticias. Eso no ocurrirá.  Es imprescindible que nos demos el tiempo para estar mal.

Lo que Humberto, Mariano y familia pueden hacer, para ir saliendo del malestar, es pensar, analizar, conversar.  Contenerse y proyectar entre todos.  Hay en todos ellos sentido de pertenencia a una familia y a un proyecto empresario, valores en común y cohesión para pensarse juntos hacia adelante, competencias complementarias que potenciarán el resultado colectivo, ideas y enfoques variados.

Hace falta dejar de rumiar la mala onda, solo y por los rincones, y sentarse para darse apoyo y dibujar entre todos un mapa del territorio.  Sin apuros, sin pretensiones de pronósticos certeros, sin vocación de definiciones.  Apenas el intento de imaginarse las probabilidades y compartir como se ve el mar desde arriba del mismo barco.

Al final de la pandemia, quien sabe cuándo, nos encontraremos de nuevo con algunas realidades a las que, aquí y por ahora, solo se les puede poner un título, sin poder profundizar más que eso:

  • El mundo será, cada vez más, un escenario de discontinuidades, de interrupciones, de eventos fuera de cálculo.
  • Habrá industrias y servicios nuevos, ya que la integración tecnológica y la transformación digital se acelerará, produciendo cambio en los modelos de negocios.
  • El proceso de desglobalización se hará cada vez más fuerte, porque el desarrollo de las economías locales será un requisito para la reparación de los daños y la recuperación de los países después de la caída sufrida; y para la preparación frente a las futuras discontinuidades.
  • La financiarización de la economía global seguirá produciendo los destrozos que periódicamente genera desde hace, como mínimo, treinta años, salvo que las consecuencias a la vista generen iniciativas de cambios.
  • La confrontación entre Estados Unidos y China por la hegemonía mundial irá en ascenso y sumará aliados a cada contendiente, modificando el mapa geopolítico y económico del mundo.

Las familias empresarias deben repensar sus negocios, para ratificar el rumbo o para modificarlo, teniendo en cuenta de que el mundo que viene no será igual que el que existió hasta comienzo de año.  Las necesidades, los mercados, los modos de producir, vender y distribuir, las formas de integración de las cadenas de valor; irán cambiando cada una a su ritmo.  Lo que hoy se puede hacer, es empezar el entrenamiento para una nueva forma de ejercer la condición de familia empresaria, que cuando tenga que dar las respuestas concretas a las preguntas del contexto, tenga cerebro y músculo en condiciones de hacerlo.

Humberto y Mariano, sus familias, todas las cabezas y las voces, porque hay que dar lugar para lo que piensan y dicen los más viejos y los más jóvenes, tendrán que empezar la pretemporada con algunos ejercicios:

  • ¿Qué es lo que tenemos como familia empresaria? ¿Cuáles son nuestros recursos tangibles e intangibles que serán valiosos en el futuro? ¿De qué nos debemos desprender porque ya no tendrá valor?
  • ¿Cómo vamos a hacer para que la riqueza, tangible e intangible, de nuestra familia esté administrada por las personas más competentes?
  • ¿Cómo vamos a hacer para que cada miembro de la familia tenga claro cuál es su rol en relación a la empresa familia y asuma constructivamente sus responsabilidades?
  • ¿Cómo vamos a analizar los negocios y tomar las decisiones adecuadas respecto de ellos, teniendo en cuenta la vocación de continuidad que tiene la familia y los desafíos que presentarán los escenarios futuros?
  • ¿Cómo vamos a conseguir que el aprendizaje individual y común adquirido en esta situación sea transmitido a las próximas generaciones como parte del legado familiar?
  • ¿Cómo vamos a capitalizar lo ocurrido durante la pandemia? ¿Qué cosas de lo que hicimos para transitar el corto plazo nos servirán para queden instaladas definitivamente en nuestra forma de dirigir y gestionar el negocio?

Difícil pero no imposible. Un poco menos si se cuenta con ayuda profesional.