Luis Lafranconi: “Cada año surgen dos nuevos biotipos de malezas resistentes»

El jefe del Inta Río Primero (Córdoba) es referente nacional en el tema de malezas resistentes.

Alejandro Rollán

En la última década dominan con su presencia la escena en los lotes agrícolas. Las malezas resistentes llegaron para quedarse y está en el manejo agronómico y químico poder mitigarlas. El último relevamiento de la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid mostró que en el país hay 29 millones de hectáreas afectadas por malezas resistentes y tolerantes, lo que representa casi la totalidad de la superficie con cultivos extensivos a nivel nacional.

“Un denominador común lo expresa hoy el «yuyo colorado» que tiene presencia en más de 22 millones de hectáreas, desde Salta a Buenos Aires y desde San Luis a Entre Ríos”, advierte Luis Lafranconi, jefe del Inta Río Primero (Córdoba) y referente nacional en el tratamiento de malezas.

–¿Cuál es la evaluación que realiza del panorama de malezas resistentes en Argentina?

–Podría decir que el número de malezas resistentes continúan en aumento, si observamos las últimas informaciones de la Red de Malezas Aapresid (REM ) tenemos en la actualidad 39 biotipos resistentes de 21 especies, muchas de ellas con resistencia múltiple esto quiere decir que resisten a más de dos mecanismos de acción de herbicidas. Llamar por su nombre científico los 39 biotipos le resultaría al lector muy tediosa esta entrevista, por lo que tratare de ser lo más didáctico posible. Cada zona de producción tiene malezas que están adaptadas a condiciones de clima y suelo y a su vez asociadas al sistema productivo.  Un denominador común lo expresa hoy el “yuyo colorado” que tiene presencia en más de 22 millones de hectáreas, desde Salta a Buenos Aires y desde San Luis a Entre Ríos. En segundo lugar, con más de siete millones de hectáreas el “sorgo de Alepo” le sigue en importancia, distribuido en la mayoría de las regiones agrícolas. Otra maleza que avanza colonizando la región agrícola central y NOA es «pata de gallina o grama carraspera» Eleusine que ya ocupa cuatro millones de hectáreas. Para completar el listado de las más importantes en necesario mencionar a “ray grass” y “capín” que ocupan una cantidad importante de hectáreas en las zonas de mayor precipitación. Por otra parte, no puedo dejar de mencionar el crecimiento de rama negra resistente a glifosato y a otros mecanismos de acción, como así también las especies de la familia de las Brasicaceas (nabos) muy importante esta última en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.

–Dentro de esa geografía, ¿cómo observa el escenario en Córdoba?

–Por las características de ser una provincia con una gran variación de clima y suelo todas las malezas antes mencionadas se contabilizan en nuestra provincia. De hecho, es la región con mayor problemática de malezas resistentes. Siendo esta provincia la mayor productora de maíz y maní y la segunda de soja, el tener que lidiar con esta problemática le significa al productor cordobés un gasto de más de 100 dólares por hectárea lo que multiplicado por la superficie agrícola cosechada de 8 millones de hectáreas nos arroja un valor por de más impactante.

–¿La situación está controlada?

–No, lamentablemente continúa el crecimiento de esta problemática. Puedo afirmar que cada vez son más las malezas resistentes y que se agregan dos nuevos biotipos cada año. Por la información que se dispone, en nuestra provincia prácticamente hay dos malezas resistentes para cada hectárea en producción.

–¿El productor ha tomado conciencia de la problemática?

–El nivel de conciencia del productor viene asociado al aumento del costo en el control de las malezas. Hace ya cinco años que esta preocupación es cada vez más manifiesta y comienza a observarse, entre los pioneros, gente que quiere realizar cambios en la manera de abordar la problemática.

–¿A qué se debe que aparezcan malezas que suman resistencias a múltiples principios activos? ¿Es deficiencia en el control?

–La resistencia está asociada al sistema productivo imperante. La siembra directa trajo grandes beneficios por muchos factores, pero como todo sistema biológico, sacamos la mecanización y dejamos el trabajo de control de las malezas únicamente en los herbicidas. Si estos productos no se usan inteligentemente,  repitiendo  los mismos mecanismos de acción, lo que se genera es una presión de selección en las poblaciones lo que provoca la aparición de biotipos resistentes.

–¿El control es sólo químico o con manejo agronómico se puede mitigar?

–El problema de las malezas y su resistencia ocasionado por el incorrecto uso de los herbicidas obliga al replanteo de las estrategias. Hoy se propone utilizar todo lo que se tiene a mano para mitigar este problema. Por lo tanto, se deben utilizar manejo agronómico como la rotación de cultivos, fechas de siembra, distanciamiento entre hileras, fertilización, variedades con grandes actitudes competitivas, cultivos de servicio, etcétera. Además, se debe actuar con más inteligencia en el uso de los herbicidas, generando la rotación de mecanismos de acción, utilizando mezclas que impacten en la misma maleza y dependiendo de la situación, realizar solapados en su aplicación. Lo que se busca es preservar los herbicidas que aún funcionan.

–¿Recomienda el control mecánico?

–Es una posibilidad, dependiendo del tipo de maleza a controlar, la situación del lote, la agresividad de la especie, etc. Hablar de control mecánico no significa ingresar nuevamente con arados de rejas o cincel, rastras y otros implementos que destruyen la capa arable. Hay situaciones que resultan sumamente ventajosas, un ejemplo es el trozado (corte vertical) de rizomas de sorgo de Alepo para provocar un rebrote homogéneo y facilitar el accionar del herbicida.–¿Cómo puede impactar en el control de malezas resistentes las restricciones a las importaciones de insumo?

–Esta decisión puede ser contraproducente en términos de disponer de todas las herramientas necesarias. Si esto además provoca un aumento de costos y el productor pierde rentabilidad, comienzan los procesos de ajuste restringiendo la aplicación de insumos, ergo las malezas se escapan al control, esto reduce el rendimiento y genera mayor pérdida de ingresos por hectárea impactando en la economía del productor, los saldos exportables y la economía del país.