Momento cumbre

El impacto de la reunión de presidentes y Jefes de Estado del Mercosur que recaló en nuestra ciudad en la última semana puede ser mensurado en distintos planos y niveles.

Por Emerio Agretti

Para el santafesino de a pie -o más bien, para el que suele desplazarse en automóvil-, la Cumbre del Mercosur supuso poco más que un obstáculo a la movilidad y un aporte al congestionamiento vehicular, ahora desplazado a distintas arterias de la ciudad. Para quienes de alguna manera estuvieron vinculados al acontecimiento -vale decir, las numerosas empresas y trabajadores locales que fueron contratados o prestaron servicios para la ocasión-, una saludable inyección de ingresos y una oportunidad para revalidar credenciales de “competitividad”, no casualmente uno de los términos recurrentes en los discursos escuchados durante este intenso puñado de jornadas.
A nivel dirigencia, el acontecimiento fue una plataforma para que el intendente José Corral exhiba -una vez más- las condiciones y posibilidades de nuestra ciudad para encuentros de una dimensión y una serie de características normalmente reservadas a las grandes capitales. Y con ello, en todo caso, asumir un rol protagónico que le negaron las recientes elecciones provinciales.
Bastante relegado, el gobernador de la Provincia, Miguel Lifschitz, también hizo valer su condición, no desmereció el rango del acontecimiento, y en alguna medida también logró capitalizarlo con la recepción de dignatarios, y su ineludible -aunque discreta- participación en las fotos junto al presidente de la Nación.
Mauricio Macri, por su parte, no se anduvo con medias tintas: casi sin solución de continuidad, enhebró su alocución ante los jefes de Estado regionales con un acto partidario, que extendió durante varias horas su permanencia en la capital provincial y, presumiblemente, su proyección electoral.
Desde la otra vereda también el kirchnerismo se montó a la ola de rechazos a figuras como la del propio Macri, del repudiado jefe de Estado brasileño Jair Bolsonaro, y del neoliberalismo que ven en ellos encarnado. Una postura que no pudo eludir la contradicción de sumar a la (no) así llamada contracumbre al ex canciller Jorge Taiana -con más trayectoria en las cumbres formales que en las opositoras- y de no poder contar allí con Evo Morales, que sí estuvo con sus pares regionales en el evento oficial (aunque tuvo el gesto de saludar con la mano izquierda en la “foto de familia”). En este contexto, debe computarse como punto a favor que las manifestaciones del día de la reunión, más allá de su escasa magnitud, fueron pacíficas y los partidarios de la represión -fueren quienes fuesen, y por las razones que fuera- no tuvieron margen para regodearse en la violencia.
Pero los resultados verdaderamente trascendentes exceden con mucho el marco de estas jornadas, y también sus plazos. El acuerdo del Mercosur con la Unión Europea, ineludible factor aglutinante de todo lo que se hizo y se dijo en estos días, tiene todavía por delante un largo camino, por más empeño que pongan quienes celebran o denuestan a cuenta; o por cuenta de intereses o especulaciones de corto plazo, frente a algo que por su propia naturaleza escapa a la coyunturalidad (tanto como a la capacidad de análisis o altura de miras de muchos de los que opinan al respecto).
De modo que, en la parte que más importa, el tiempo -y lo que se haga durante su transcurso- será el que determine si esta cumbre fue la base para alcanzar nuevas alturas, o sólo el eufórico descanso antes de retomar el indolente descenso hacia la vasta planicie de las oportunidades desperdiciadas.

El acuerdo del Mercosur con la Unión Europea, ineludible factor aglutinante de todo lo que se hizo y se dijo en estos días, tiene todavía por delante un largo camino, por más empeño que pongan quienes celebran o denuestan a cuenta.

Mauricio Macri, por su parte, no se anduvo con medias tintas: casi sin solución de continuidad, enhebró su alocución ante los jefes de Estado regionales con un acto partidario, que extendió durante varias horas su permanencia en la capital provincial y, presumiblemente, su proyección electoral.