FAMILIAS AGROPECUARIAS: Las empresas y su problemática

Las familias agropecuarias tienen una relación muy particular con sus explotaciones productivas, que son fortaleza y amenaza al mismo tiempo.

Mg. Sergio Messing
sm@messingconsultores.com.ar

“Nosotros somos así, sin muchas vueltas, sin problemas”, me dijo Néstor cuando nos conocimos en una conferencia en una de las instituciones que nuclea a los productores agropecuarios, que tiempo después se convirtió en una relación profesional. Hombre de pocas palabras, lenguaje sencillo y gesto sincero.
El, junto con su hermano Mario, son dueños de un campo de cuatro mil hectáreas en la provincia de Santa Fe, donde realizan actividades agrícolas y ganaderas. Heredaron de su padre, que había heredado del suyo, y hoy son condóminos y socios en una sociedad de hecho. Ambos viven en el mismo pueblo en el que nacieron, a pocos kilómetros de donde está la explotación.
Néstor tiene cinco hijos, dos mujeres y tres varones. Las hijas viven en ciudades alejadas y ejercen la profesión que eligieron estudiar. De los hijos, dos de ellos viven fuera del país y tienen actividades que le permiten ganar el dinero que necesitan para vivir ajustadamente. El tercero trabaja en los campos de la familia, vive en el mismo pueblo que sus padres, y se lleva al bolsillo lo que Néstor entiende que está bien, aunque él no esté tan de acuerdo.
Mario tiene dos hijos. La hija mayor trabaja en el campo donde pone en práctica su profesión de veterinaria. Vive en una ciudad cercana y viaja todos los días. El hijo nació con problemas neurológicos y vive internado en una institución especializada.
Las familias empresarias que se dedican a la actividad agropecuaria, en general, tienen una cultura, una manera de verse a ellos mismos, que hace que no se piensen como empresarios, como socios, sino solamente como productores. Se definen más por lo que hacen que por lo que tienen.
Además, son familias con historias que están permanentemente presentes en la vida de sus miembros, existe un fuerte arraigo a la tierra de la que son dueños, porque historia familiar y campo son indivisibles. Esa historia construye un sueño compartido que los mayores creen que será para siempre, porque así fue siempre.
A esto se agrega que, por tradición, la gestión y administración de los negocios casi siempre está a cargo de los propios dueños. Un modelo que no tiene mucha complejidad y que con apoyo especializado externo resuelve las problemáticas que los propietarios no puedan solucionar. El campo se explota por “comando directo” o se arrienda.
Néstor y Mario llegaron a una edad en la que quieren pero no pueden. El trabajo que tienen que hacer les exige poner mucho el cuerpo, y el cuerpo les da cada vez para menos. Y miran a su alrededor y no tienen muchos postulantes para ocupar sus puestos, salvo la hija de Mario que está formada y motivada, y el hijo de Néstor que está molesto y resignado.
El sueño compartido, fundado por el bisabuelo de Néstor y Mario, parece quedar en un sueño.
La divergencia de realidades e intereses de los hijos siembra el futuro de interrogantes y fertiliza el terreno para los conflictos y disputas. Y si estos aparecen y no se negocian con afecto e inteligencia, los costos emocionales de la familia, la pérdida de valor patrimonial y la caída de rentabilidad serán más una condena que una posibilidad. Así lo sentencia la estructura de la propiedad y los modos de gestión. Condominio, sociedad de hecho, gestión y decisiones centralizadas, información desconocida e inaccesible para los familiares; son causas que pronostican tormentas.
La arquitectura societaria para proteger el patrimonio, optimizar los aspectos fiscales, disminuir el impacto de los potenciales conflictos familiares, y planificar la herencia; es un trabajo que las familias agropecuarias tienen que hacer como parte de su responsabilidad empresaria.

Las herramientas
Lo que ofrece la legislación argentina en materia de sociedades comerciales permiten separar el principal componente del patrimonio, el campo, de la explotación y sus riesgos, como también protegerlo de los riesgos personales a los que están expuestos los dueños/socios.
Además, permite disminuir el impacto de las decisiones individuales de los familiares, propietarios actuales o futuros, al no convertirlos en dueños directos de la tierra, sino en que los que es de cada uno son los títulos representativos del capital de la sociedad.
Y para el caso de que los antecesores decidan planificar la herencia para atender deseos y vocaciones, respetando los derechos de los sucesores, facilita la conversación y la instrumentación de las voluntades y los acuerdos.
Los hijos de Néstor y Mario heredarán el campo que hoy es de sus padres y se convertirán en condóminos, lo que los obligará a la unanimidad en las decisiones que impliquen actos de disposición patrimonial. Si uno de ellos quiere vender la parte del condominio que es de él, necesitará encontrar un comprador que acepte se condómino de sus hermanos/primos, o contar con la aprobación de estos para subdividir el campo y poder vender el lote que le sería adjudicado.
La hija de Mario y el hijo de Néstor serán administradores de hecho de un negocio que no es solo de ellos. Deberán informar y rendir cuentas a sus hermanos/primos, cosa que no saben hacer ni forma parte de la cultura familiar. Entonces generarán desconfianza y enojo en los familiares que están lejos geográfica y emocionalmente del negocio, pero que tienen derechos patrimoniales y económicos.
Una sociedad comercial tiene establecido por ley la forma de elegir a quienes la administran, los derechos y las obligaciones de los socios y los administradores, la forma en estos debe rendir cuentas a aquellos, el modo en que se retribuye el trabajo y se reparte las ganancias cuando hay, la libertad y las limitaciones que tienen los socios para vender la parte de la sociedad de la que son dueños.
Es necesario sentarse y conversar, a contramano de la cultura de Néstor y Mario, ponerse de acuerdo de manera que los deseos y los intereses de los familiares queden expresados y comprendidos por todos, y concretar en instrumentos jurídicos aquello que se acordó.
Así se podrá dar continuidad a una nueva versión del sueño compartido, aportando a la paz familiar y a la conservación y desarrollo del valor del patrimonio y de la riqueza que genera. Complejo, pero posible. Más si se cuenta con ayuda externa. Continuará.

RESALTADOS
La arquitectura societaria para proteger el patrimonio, optimizar los aspectos fiscales, disminuir el impacto de los potenciales conflictos familiares, y planificar la herencia; es un trabajo que las familias agropecuarias tienen que hacer como parte de su responsabilidad empresaria.

Las familias empresarias que se dedican a la actividad agropecuaria, en general, tienen una cultura, una manera de verse a ellos mismos, que hace que no se piensen como empresarios, como socios, sino solamente como productores. Se definen más por lo que hacen que por lo que tienen.