¿Quién es el piloto de este comercio exterior y adonde nos lleva?

Inolvidable para quien escribe es la escena de la película Madagascar en la que los pingüinos quedan al mando de un avión maltrecho, subiendo y bajando palancas, tocando y retocando botones para aterrizarlo. Los pasajeros: Alex, Marty, Melman y Gloria, en pánico por supuesto.

Por CPN Diego Dumont

Querido lector, para mí escribir estas líneas, además de ser un aporte a este prestigioso diario, es una manera de expresar lo que vivimos en la diaria quienes trabajamos en esto del Comercio Exterior. Por tanto, lo invito a leer esta columna para empatizar con el empresario argentino y entender algunas condiciones que necesitamos para levantar este país.
Corría diciembre de 2015 cuando el flamante Gobierno eliminaba los derechos de exportación del sector agroexportador -salvo el complejo sojero-(Decreto 133). Pocos días después hizo lo propio para los restantes sectores (Decreto 160). Los primeros días de 2017 se estableció una baja mensual de 0,5% de los derechos del complejo sojero (Decreto 1343). Eran días de empuje a las exportaciones que crecieron apenas casi 2% en 2016, y 1,2% en 2017. Sin embargo, el nivel de importaciones fue tal que nos llevó a un déficit de U$S 8.300 millones en 2017. Aún en ese contexto, y argumentando razones en la devaluación del peso, en 2018 se suspendió la reducción gradual de las retenciones en el complejo sojero hasta 2019 (Decreto 757) y relanzaron los derechos de exportación (Decreto 793). Pero las idas y vuelta continuaron. A días del relanzamiento, se desgravó a las exportaciones de bienes de capital facturados o cobrados total o parcialmente previo a los nuevos derechos (Decreto 865). El año pasado lo cerramos con un déficit comercial de U$S 3.800 millones.
Ahora, a siete meses de los nuevos Derechos, se decide eximir a las Micro, Pequeñas y Medianas empresas de los derechos de exportaciones que superen a las del año anterior hasta determinado tope (Decretos 280, y 335/2019, publicados el mismo día, el segundo anula dos artículos del primero), y el zigzagueo en busca de resultados no para. A inicios de 2019 se gravaron por primera vez en la historia a los servicios con derechos de exportación, situación que va en contra de exportaciones con alto valor agregado que son netamente fruto de la capacidad intelectual y profesional de los argentinos.
Por el lado de los reintegros (esa devolución de tributos directos soportados por el exportador en las etapas de producción y comercialización, de cálculo cuasi misterioso) los pasos adelante y en reversa fueron similares. En 2016 se aumentaron los reintegros de los sectores pesquero, lanero y frutihortícola (Decreto 1207) y al año siguiente los de los restantes sectores (Decreto 294). Un año después los redujeron (Decreto 767).

Las importaciones
En octubre de 2018 se eliminaron o redujeron algunas percepciones de IVA, las que implican una importante inmovilización de capital a algunos importadores (RG AFIP 4319). Siete meses después se volvió atrás con la medida (Decreto 4461). También días pasados a esta columna se incrementó la tasa estadística y sus topes a un nivel altísimo, que pone en tela de juicio su legitimidad a la luz del articulo VIII del Gatt (Decreto 332). Mientras escribo estas líneas hay rumores de una posible marcha atrás para las importaciones de las Pymes.
Querido lector, lo que escribo son sólo ejemplos para que Usted pueda comprender lo estresante que puede resultar planificar, proyectar, y trabajar mirando el mediano plazo en este querido país (del largo plazo ni hablar). Cualquier empresa que permanezca en pie en Argentina es un sobreviviente de ese avión maltrecho que vuela sin rumbo fijo y en el que se suben y bajan palancas permanentemente, y hasta groseramente.
Argentina es uno de los países más cerrados del mundo si consideramos exportaciones e importaciones en relación a su PBI. También es el país en que menos crecieron sus exportaciones en América Latina (luego de Venezuela). Las exportaciones medidas por INDEC en lo que va de 2019 son muy similares a las de 2018. No solo seguimos sin lograr ese repunte que necesitamos, sino que también tenemos déficit en nuestra balanza de servicios (alrededor de U$S 7.000 en 2018). Todo muy preocupante de cara a los compromisos externos que el país debe afrontar por los créditos tomados.
Mientras tanto seguimos tocando y retocando botones. Subiendo y en seguida bajando palancas. ¿Cuándo vamos a entender que competitividad no es sólo tipo de cambio? Ser competitivos es entre otras cosas tener una buena infraestructura, eliminar la burocracia, la exportación de impuestos, lograr buenas líneas de financiación, conciencia exportadora y sobre todo y en negritas: estabilidad de las reglas de juego. Dicen los chinos que no planificar es planificar el fracaso.