Las nueras y los yernos en las empresas de familia

“Lo primero que acordamos con mi hermano cuando empezamos a trabajar en la empresa fue que nuestras mujeres nunca iban a trabajar en ella”, dice Horacio en las conversaciones previas a la contratación de nuestros servicios profesionales. 

Por Sergio Messing

Habla de acuerdos y desacuerdos que signan en la actualidad de la empresa que fundaron, y casi a modo de confesión refiere a los primeros con la frase que abre esta nota.  Se escucha con claridad la decisión de que los familiares políticos no ingresen a la empresa.

“Al final uno no tiene claro si son o no parte de la familia, entonces es mejor que estén afuera para no mezclar más las cosas”, dice Daniel, hermano de Horacio, en la misma conversación, expresando la imposibilidad de definir de forma unánime quienes integran eso que llamamos familia.

Horacio y Daniel fundaron una empresa en Neuquén, que está cumpliendo treinta años.  El primero tiene sesenta y cinco años y es Ingeniero Químico.  El segundo, sesenta y dos y es Ingeniero Mecánico.  Ambos eran empleados de una petrolera extranjera cuando vieron la oportunidad de desarrollar una actividad relacionada con esa industria sin tener que estar en relación de dependencia y ganando mejor.  Empezaron con un taller de reparaciones, sumaron la venta de repuestos hasta llegar a un momento en el que se abrieron a la actividad industrial y comenzaron a fabricar piezas de reposición para los equipos utilizados en la extracción.  Hoy son líderes en el mercado nacional, exportan a varios países de distintos continentes, y tienen una dotación de ciento cincuenta personas trabajando con ellos.

Generación sucesora

Tienen entre treinta y cinco y veintiocho años. Tres trabajan en la empresa de la familia, y los otros cuatro tienen actividades diversas que les permiten ganarse lo que necesitan para vivir como desean. Lorena ocupa un puesto de jerarquía en el área de producción, María Rosa es la máxima responsable del área de logística, y Lucas es el gerente de Administración y Finanzas.

Hoy enfrentan una contingencia de trascendencia en el ámbito empresarial, y de incertidumbre en el familiar.  El responsable de Investigación y Desarrollo, sector en el que se originó el crecimiento de la empresa, la dejó para radicarse en Noruega, y hay un puesto vacante para el que la persona que reúne todas las competencias requeridas, y más, es el esposo de María Rosa.  La empresa tiene una solución y la familia un problema.  Y en esa decisión es que están embarcados, a la deriva.

La presencia de los familiares políticos en las empresas de familia es un tema conversado, y sobre el que existen posiciones antagónicas.  Desde los que sostienen que no debieran trabajar en la empresa, hasta aquellos que entienden que la familia tiene con ellos el mismo compromiso que con cualquier otro familiar.  Y entre ambos extremos, muchos criterios intermedios.

Horacio y Daniel acordaron que los consanguíneos, hijos y sobrinos, tendrían la oportunidad de trabajar en la empresa si reunían las competencias requeridas para ocupar el puesto de trabajo que debía cubrirse.  Tenía que haber una vacante y un familiar con conocimientos, habilidades y actitud para ocuparlo.  Lo que no estaba en los planes era que aquel acuerdo que excluía a sus mujeres, treinta años después se convertiría en un impedimento para aprovechar una oportunidad y resolver una necesidad.

Los acuerdos familiares a veces son tácitos, otras explícitos pero verbales, y pocas veces escritos y firmados.  El tratamiento de las situaciones relacionadas con los miembros políticos de la familia suele ser de los primeros que se abordan y, por defecto, se resuelven estableciendo cláusulas duras e inviolables en previsión de los potenciales riesgos que implica ser flexible en estos casos.  Las posibilidades de divorcios son estadísticamente altas, el traslado de problemas matrimoniales al ámbito laboral es habitual, la competitividad entre cónyuges no es sana.  Todo eso busca atenderse prohibiendo, más guiados por el miedo que por la perspectiva.

Los familiares políticos desempeñan un rol muy importante dentro de las familias empresarias, que muchas veces no se ve.  Son fuertes generadores de opinión, ya que la influencia que tienen sobre sus cónyuges es muy alta. Es decir, que, tanto en el ámbito familiar como en la empresa, ellos participan indirectamente sin posibilidades de que eso sea prohibido.  Por lo tanto, la relación con los familiares políticos debe ser abordada constructivamente como parte de la conversación de la familia empresaria, despojándose de todos los prejuicios existentes porque ellos ya están en la escena, ya participan, no se los puede negar, no se los puede excluir.

¿Qué generó en el esposo de María Rosa el saber que su posibilidad de trabajar en la empresa estaba cancelada no por su incompetencia, sino por su condición conyugal? ¿Cómo percibe él su situación y consideración dentro de la familia a partir de esa exclusión? ¿Qué consecuencias puede tener la negación de la oportunidad que se presenta si es que la misma es parte de su vocación?

Por supuesto que el lugar que se le asigna a los familiares políticos depende de los valores, la cultura, los hábitos, las conductas de cada familia; y la consideración hacia ellos en relación con la empresa familiar estará marcada por lo primero.  No es correcto ni aconsejable establecer desde afuera de la familia normas que regulen ese vínculo. Si es posible hacer algunas sugerencias que le permitan a la familia empresaria ampliar su mirada, contemplar otras perspectivas, y decidir con más opciones.

  • Establecer las normas de ingreso de los familiares a trabajar en la empresa de la familia estableciendo con claridad cuáles son las condiciones que se tienen que dar para que eso ocurra, cuales son los requisitos que el familiar debe cumplir y cuál será el procedimiento para decidir esa incorporación.  Estas normas debieran alcanzar a todos los familiares.
  • Establecer una forma especial de decidir respecto del ingreso de los familiares políticos ante contingencias especiales, que asegure que la decisión no sea tomada por aquellos que tienen intereses personales directos en la situación.
  • Acordar un procedimiento de desvinculación del familiar político para cuando se generen situaciones indeseadas, como por ejemplo un divorcio, que permitan una resolución de la contingencia consensuada con anterioridad a su ocurrencia.

Difícil pero no imposible. Un poco menos si se cuenta con ayuda profesional.