¿Quién fue Dick Fosbury?

Seguramente pocos conocen la historia de Dick Fosbury, inventor del salto que lleva su nombre.

Por Gustavo Giorgi

A menos que estés en el tema del atletismo este hombre es un perfecto desconocido para la mayoría. Sin embargo, les puedo asegurar que marcó un hito en el deporte, con un mérito comparable a los más grandes.
Contextualizo: el salto en alto es una de las disciplinas atléticas más vistosas y sorprendentes, dado que en la misma podemos observar cómo una persona se eleva muy por encima de su propia altura, logrando metas increíbles. Al día de hoy, por caso, es de 2,45 mts. y desde el año 1993 que Javier Sotomayor no puede ser destronado.
El meollo de la cuestión estriba en que la manera en que el atleta encara el salto (de espaldas) es una creación relativamente contemporánea. Es decir que lo vemos habitualmente no existió desde siempre y justamente es a Fosbury a quien se lo debemos.
Estadounidense de origen, ganó nada menos que la medalla de oro en las olimpíadas de México 1968 brillando en la especialidad. Esta edición quedó en la historia porque el mundo pudo ver con sus propios ojos la delicadeza del Fosbury Flop (nombre que se le dio al salto en homenaje a su creador).
Como estudiante de Ingeniería Civil, tenía algunos conocimientos de física que pudo aplicar en el deporte. A partir de realizar el recorrido curvo en lugar de recto, ejecutar el salto de espaldas, con el brazo extendido y en forma transversal lograba que el centro de gravedad quede debajo de la vara y así mejorar la potencia del salto.
Hasta él, se saltaba de manera frontal y luego caían de pie o sentados sobre la arena. Este último punto no es un dato menor, ya que el desarrollo técnico de la colchoneta también cooperó fuertemente al éxito del resultado final.
Invito a quienes lean están líneas a mirar videos en Internet de saltos en alto previos a Fosbury en los que podrán comprobar esto que les digo. Hay un antes y un después de su innovación.
Traigo este caso porque nos permite pensar distintas aristas del cambio, su impacto, alcance y profundidad del mismo.
• Primero, es clave el deseo de modificar una situación que nos incomoda o consideramos dejó de ser útil. Hay una diferencia importante entre resignarse y actuar para nuestra salud mental y todo cambio empieza por quererlo. En este sentido, cuenta Fosbury que una de las principales razones que lo llevó a intentar algo diferente fue la profunda dificultad que encontraba en las técnicas vigentes en su momento.
• Segundo, no dejarse derrotar por las opiniones de otras personas. Toda innovación genera movimientos en el sistema completo. Entonces, debemos estar preparados para tomar las sugerencias válidas y al mismo tiempo descartar las que no lo sean. Según el atleta, cuando comenzó a practicar este salto, estando en la escuela secundaria la mayoría se burlaba de él por creerlo un tonto o un loco.
• En tercer lugar, no temerle al cambio. Los nuevos modelos nos enseñan a abrazarlo bajo el lema “Embrace the change”. Los líderes contemporáneos asumen vivir en un mundo que cambia todos los días (y vaya si el ejemplo de la pandemia así no lo ilustra). Eso los responsabiliza por mantenerse fuertes, elásticos y sobre todo flexibles. La condición de la adaptación exitosa es no quedarse anclado en ideas que en su momento dieron sus frutos. Como ya se dijo una vez, los buenos resultados del pasado no deben confundirnos y creer que esa receta es válida hoy, con igual eficacia que entonces.
• Cuarto, si no cambiamos la mentalidad no estaremos cambiando nada. Así, podremos actuar distinto, hacer una cosa en lugar de otra, decir otras palabras, pero si no hay una convicción profunda y de fondo por cambiar, no será sostenible. Estas modificaciones profundas son movilizadoras porque son capaces de conmover toda la estructura y hasta inclusive el eje de los negocios. Amazon en sus comienzos solo vendía libros y hoy es un monstruo de la compra venta de objetos. Nintendo comenzó como fabricante de naipes y actualmente es uno de los líderes en consolas de videojuegos.
Finalmente, Fosbury nos da un claro ejemplo de que no hace falta ser extraordinario para lograr cosas sorprendentes. Él nunca fue un saltador con condiciones físicas excepcionales. De hecho, ni siquiera clasificó para la siguiente olimpíada. Utilizó sus limitaciones en favor de la innovación. Salió de ese círculo malsano de la crítica inmovilizadora hacia uno mismo.
Last but not least: Una de las personas claves en esta historia, poco mencionadas, pero con una incidencia central en el asunto fue su entrenador, del que se cuentan dos cosas opuestas. La primera, dice que Berny Wagner, en la Universidad de Oregon le había sugerido que abandone y se dedique a otras disciplinas. La segunda versión, relata que cuando Dick le manifestó sus dificultades con el salto tradicional, aquel le dijo simplemente que “improvise”.
Prefiero quedarme con esta última y pensar que los líderes deben quitar el miedo en sus colaboradores a probar cosas nuevas, dándoles confianza para intentar modos creativos de llevar adelante sus tareas de todos los días.