Los conocimientos requeridos por la familia empresaria

“Acá todos creen que tienen la justa, pero el problema es que la justa de cada uno es diferente a la de los otros”. Así contestó Raúl cuando le pregunté cuál era el problema que tenía en su empresa familiar.

Por Mg. Sergio Messing
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Había ido a su inmobiliaria a averiguar por un departamento, y cuando supo a que me dedicaba, tomó mi consulta como si fuera la suya. Me encanta cuando pasan esas cosas y la espontaneidad desborda a los que ya no pueden más con la carga que llevan adentro.
Raúl y su hermano Ricardo heredaron la empresa de su padre, fundada hace noventa años en la ciudad de Santa Fe. Ellos tienen setenta y sesenta y cinco años, respectivamente, y trabajan en la empresa desde que terminaron sus carreras universitarias. El primero es escribano y el segundo abogado.
Los hijos de ellos, la generación de primos, son ocho, de los cuales cinco trabajan en la inmobiliaria y los otros tres se dedican a otras actividades, aunque reciben dinero de la empresa. Esto fue lo que alguna vez, hace tiempo, los hermanos acordaron porque creyeron que era el modo de resolver una tormenta familiar que se presentó.
Periódicamente se juntan todos, hermanos y primos, y discuten sobre como van las cosas. Todos opinan. Todos se creen que tienen los mismos derechos que los demás. Nadie habla de las obligaciones.

El paraíso de la confusión
El imperio del mal entendido. La danza de la lluvia permanente. Las familias empresarias se desarrollan a través de un proceso en el que, si no se hace nada para evitarlo, sus miembros suponen que saben todo lo que tienen que saber por el solo hecho de haber nacido donde nacieron. La realidad demuestra que son ignorantes, y que la única manera de revertir esa situación es aprendiendo lo que es indispensable saber: cuales son los derechos y las obligaciones de cada uno según el rol que cada uno desempeña en esa compleja trama de relaciones entre familia y empresa.
Raúl y Ricardo, los hijos de ambos, los cónyuges de todos, tienen que tener, primero que nada, la claridad para definir cuál es el vínculo que los relaciona con la empresa:
1. Si son solo miembros de la familia.

2. Si son miembros de la familia que trabajan en la empresa, y por lo tanto, son empleados de ella.
3. Si son miembros de la familia que trabajan en la empresa, y además son dueños de ella. Es decir, son empleados y a la vez socios.
4. Si son miembros de la familia que, sin trabajar en la empresa, son dueños o socios de ella.
Sería extenso e inoportuno detallar aquí la situación de los diez familiares, veinte si contamos a los cónyuges.
Lo que es imprescindible es que cada uno de los miembros de la familia comprenda y asuma en cuál de esos cuatro lugares está.
Porque se puede estar en un solo lugar a la vez. Se puede pasar de uno a otro, pero nunca se puede estar en más de uno en forma simultánea.
Ser empleado de la empresa familiar genera el mismo derecho que tiene cualquier trabajador: cobrar un sueldo, tener vacaciones pagas, etc. También, las mismas obligaciones: desempeñar las funciones que se le asignaron, cumplir con las normas, etc.
Ser socio, dueño, da derecho a expresar sus opiniones, participar en las decisiones, votar; cuando los socios se reúnen a tratar las cosas que son de su competencia. Y también, recibir la parte de las ganancias que deciden distribuir, cuando hay ganancias. Sus obligaciones son tener una conducta acorde con lo la legislación comercial impone.

Ningún derecho
Nada que recibir de la empresa. Nada que hacer ni opinar sobre ella.
Así de sencillo. Así de claro. Aunque a veces estas pocas cosas no estén claro, y eso de lugar a que los familiares invadan jurisdicciones en las que no tienen nada que ver.
Para evitar que la falta de conocimiento y el paso del tiempo se conviertan en riesgos para la estabilidad emocional de los familiares, la paz de la familia y la solidez y estabilidad de la empresa; es necesario que cuanto antes todos los familiares conozcan en profundidad esas pocas cosas que tienen que saber, para que cuando les toque ocupar alguno de esos cuatro lugares se generen las expectativas que podrán ser satisfechas, y no esperen aquello que nunca llegará. Invertir en saber es barato frente al costo potencial de los conflictos.
Para ello no es necesario un esfuerzo demasiado grande ni demasiado caro. Por suerte, en estos últimos años muchas publicaciones empresarias tienen espacios especializados en los que se publican artículos sobre la temática, como esta que usted tiene en sus manos. Los espacios académicos, las instituciones empresariales y profesionales, de a poco, van haciendo lugar para que los especialistas podamos transmitir estos conocimientos. Lamentablemente, los estados municipales, provinciales y nacionales no tienen en su estructura ni en su presupuesto la presencia de la problemática de las empresas familiares, a pesar de que son ellas una mayoría absoluta de las unidades económicas existentes.

Frente a estas oportunidades, quienes tienen que tener la iniciativa y tomar las decisiones para que todos los miembros de la familia sepan lo que tienen que saber, son los mayores. En nuestro caso, Raúl y Ricardo. Alguien de la familia, seguramente, en algún momento, le planteará esta necesidad, inquietud, deseo; y en lugar de responder desde el temor a lo desconocido, a reconocer que hay cosas de las que saben poco, tendrán que hacerlo desde la valentía y la generosidad para enfrentar la apertura de un proceso complejo y prolongado, pero inevitable.
Y así, el conocimiento individual y colectivo, hará que la justa de cada uno deje lugar a la justa de todos.
Complejo, pero posible. Más fácil si se cuenta con ayuda externa. Continuará.

RESALTADOS
Las familias empresarias se desarrollan a través de un proceso en el que, si no se hace nada para evitarlo, sus miembros suponen que saben todo lo que tienen que saber por el solo hecho de haber nacido donde nacieron.

La realidad demuestra que son ignorantes, y que la única manera de revertir esa situación es aprendiendo lo que es indispensable saber: cuales son los derechos y las obligaciones de cada uno según el rol que cada uno desempeña en esa compleja trama de relaciones entre familia y empresa.