El “milagro de la sal” tiene sello santafesino

La firma Tresal (Haidar y Cía.) cumplió 50 años. Su constante crecimiento se basa en una materia prima única y natural, y una mecánica de trabajo sólida. Es la primera del rubro en todo el país que certificó normas FSSC 22000. La historia de una fraccionadora con dos empleados que hoy produce y exporta al mundo desde su propio yacimiento salinero, con 100 trabajadores.

Ignacio Andreychuk

Una cifra, tal vez, puede resultar más gráfica que las propias palabras a la hora de comprender si algo se hizo bien. Hace 50 años, Juan Haidar y un empleado fraccionaban alrededor de 100 kilos de sal por hora, en un pequeño local de Facundo Zuviría de la ciudad de Santa Fe. Sus hijos, José y Marcelo, sin saber por qué su padre se metió en el negocio de la sal, continuaron el proyecto de Tresal.

El grupo Haidar y Cía. tiene, medio siglo después, su propio yacimiento salinero de donde extrae la materia prima más pura y natural del país, y donde montó un lavadero que alcanza a procesar unas 15 toneladas por hora, con 100 empleados distribuidos entre el yacimiento, la planta industrial -ambos en Buenos Aires- y la sede central -en el norte de la capital santafesina.

Tras celebrar los 50 años de la compañía, José y Marcelo Haidar -socios gerentes de la firma- contaron a Puerto Negocios cómo fue la evolución del negocio, el comienzo, el futuro, y hablaron sobre la generación venidera. ¿El secreto del éxito? “Trabajar en equipo y mucho esfuerzo”, coincidieron

Sin saberlo
“Todavía desconocemos qué motivó a que pasemos al rubro de la sal, porque mi papá (Juan), allá por 1969, tenía un almacén de ramos generales en la localidad de Nelson y decidió montar una pequeña fraccionadora. Así empezó: se compraba la sal prácticamente terminada y fraccionarla a mano, en un local de Facundo Zuviría de Santa Fe, que hoy es una tienda. Eran dos vasitos que se envasaban a mano y se empaquetaban ahí, con un empleado. Para la comparación con la actualidad, el grupo cuenta hoy con unos 100 empleados y de aquellas dos presentaciones en polietileno a hoy, con los distintos tipos de packaging que tenemos, con las distintas ergometrías que tenemos, alcanzamos las 150 presentaciones diferentes”, relató José Haidar.
El propio empresario se encargó de relatar los años siguientes de la vida de la empresa. “De aquel lejano 1969, el paso siguiente fue trasladarnos a la actual sede del norte de la ciudad de Santa Fe. Ahí se fueron agregando otros pasos de la producción, como molienda, secado y todo lo que se podía ir haciendo en la medida en que el lugar nos dejaba. En esa evolución, y buscando nuevos mercados de acuerdo a nuestra ubicación, mi papá, que era el motor de la empresa, decidió que las instalaciones de Santa Fe ya no tenían espacio para la expansión, entonces buscó ir al pie de la materia prima, donde estaban los proveedores originarios de sal, en la zona sur de Buenos Aires y La Pampa. Nos radicamos en Médanos, a 40 km de Bahía Blanca. Había un parque industrial muy incipiente pero con los servicios básicos, así que nos instalamos, le dimos para adelante y asumimos el desafío. Estábamos confiados en lo que sabíamos hacer”.

Se inauguró la planta siempre con recursos propios, sin ayuda estatal o préstamos bancarios. Cuenta José: “El proyecto se realizó desde Santa Fe y lo comandó Marcelo -su hermano- junto a otro de los ingenieros. En el ‘95 comenzamos la construcción de la planta y para junio del ‘96 estaba prácticamente montada. El otro desafío fue lo humano: estábamos radicados en un pueblo chico, netamente agrícola, y teníamos que nutrirnos de un mínimo de 25 personas. Ellos no tenían cultura industrial, así que hubo que cambiarle hábitos, horarios, costumbres, conductas, indumentaria, manipuleo de alimentos, etc.”.

“La idea era inaugurarla a finales de 1996 -prosiguió. Lamentablemente, un mes antes falleció mi papá, que era el impulsor de todo esto. A nosotros nos marcó mucho, porque éramos un grupo de chicos: yo tenía 33 años, Marcelo 32, y el resto tenía 20 y pico, así que fue una iniciativa de jóvenes, aunque no de inexpertos. Por suerte, nos habían enseñado bastante bien. Rápidamente la planta evolucionó y, pese a que la habíamos proyectado con ampliaciones, nos quedó chico el espacio y hoy por hoy hasta queda perdida en el medio de las naves que se construyeron al lado”.

Este paso permitió la apertura de nuevos mercados, fundamentalmente de Buenos Aires hacia el sur, “que a nosotros desde aquí no podíamos hacer, lo mismo que desde Santa Fe hacia el sur. Este crecimiento también provocó que pudiéramos entrar en el mercado industrial, ya que estamos atendiendo prácticamente todas las industrias alimenticias del país porque lo nuestro es fundamentalmente lo alimenticio. Esto requiere estándares de calidad más elevados, por lo tanto nos hemos enfocado en eso”, afirmó.

La ubicación de la nueva planta le permitía al Grupo Haidar una mayor ampliación, pero seguía faltando algo, era la integración vertical de todo el proceso ya que dependían de la compra de la materia prima a los proveedores habituales.

 

Materia prima propia
“En 2003/2004, uno de nuestros principales proveedores, ubicado cerca de la planta industrial de Médanos, atravesaba problemas financieros. Empezamos a charlar la posibilidad de comprar un yacimiento salinero y, tras una disputa muy grande con otros competidores del mercado, logramos obtenerlo (el yacimiento Salinas Chicas). Fue un desafío casi tan grande como el del ‘96, porque esa empresa estaba concursada, prácticamente en quiebra y casi sin capital de trabajo. Ló único que tenía era la fuente de materia prima. Se trata de un pueblo netamente salinero (Nicolás Levalle, provincia de Buenas Aires), a 30 km de Médanos”, explicó José Haidar.

Recordó que “hubo que afrontar el temor los empleados que, ante un nuevo dueño, no sabían qué iba a ocurrir. Pero en cuatro o cinco años se terminó de pagar el concurso y, una vez saneada la empresa, comenzamos una etapa de crecimiento en salinas. Incluso tenemos previsto, para mediados del año venidero, inaugurar un lavadero que casi triplica nuestra producción de lavado en planta. Ese lavado implica que el agua que queda nosotros la volvemos a volcar en el yacimiento, porque tiene los residuos propios de la laguna. Todo ese proceso de lavado no se podría hacer más en la planta, por eso hicimos todo el proceso nuevo del lavadero directamente en salinas. Esto nos permite, además, abastecer la demanda de la industria petroquímica, que exige una sal de un grado poco menor a la alimenticia pero un volumen muchísimo más grande. Estamos hablando de empresas que a lo mejor reciben 30 o 40 camiones diarios de sal”.

Para la empresa fue todo un desafío, porque el yacimiento está a 12 km hacia adentro de la planta y hubo que trasladar equipos, desarrollar otra maquinaria, algunas que se han hecho en Santa Fe y luego llevado a salinas; la sal exige un producto tratamiento especial. “Y nos faltaba el servicio de la energía eléctrica pero, a través de un convenio público-privado con la gestión de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires, podremos abastecernos de ese suministro. Si todo va bien, en enero tendremos el servicio y para mediados de año inauguraremos esas instalaciones. Lo que era una empresa en quiebra, hoy está totalmente reflotada y camino a convertirse en una de las más modernas”, ponderó Haidar.

Para el empresario santafesino, desde Tresal “se apunta al crecimiento en sí de acuerdo a la calidad del producto. La sal es un mercado inelástico. En lo que es hogareña, depende del crecimiento vegetativo de la población, no de factores como precio o moda, ya que la gente no consume más o menos sal en función de la variación de precios. Por supuesto que tendrá sus opciones para elegir, pero no es un producto que se consume más en épocas de bonanza económica o que tiene un decrecimiento en épocas de crisis, sino que es un producto que en la canasta familiar siempre está. Sí puede haber una variación en el incremento del consumo industrial, puntualmente en lo que es exportación, no así en el mercado interno, donde la calidad del producto tiene un papel preponderante, en eso no hay ningún misterio”.

Asimismo, detalló: “Algo similar está ocurriendo en el mercado internacional, ya que la sal es prácticamente un commodity definido en gran manera por el tema flete: los países que tienen su materia prima propia, se abastecen de ese lugar, y aquellos que no la tienen buscan abastecerse de los lugares más cercanos posibles. Nosotros siempre hemos tenido compradores de Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil, porque ellos tienen sal en el noreste, entonces les queda mejor comprarnos a nosotros. También tenemos la gran satisfacción de abastecer desde hace más de una década a Corea, que es un mercado exótico para nosotros pero ellos vienen a buscar sal a lugares que le garanticen una sal natural. Y llevan un producto terminado: les entregamos saleros con etiquetado en coreano”.

En definitiva, el grupo empresario apunta fundamentalmente a la calidad del producto, pero “siempre creemos que la relación precio-calidad es lo que ha hecho que logremos imponernos en el mercado y diferenciarnos del resto”.

 

 

El proceso industrial: de la laguna al envase

Marcelo Haidar, socio gerente de Tresal, comentó que a él tocó estar al frente de la ingeniería de la empresa. “Podemos decir que toda la empresa cuenta con un sistema diseñado y desarrollado por nosotros, algo que nos llena de orgullo. Creo también que el gran secreto que nos llevó al éxito fue perseguir el objetivo de la mejora continua. La calidad del producto se refiere, para nuestra compañía, a un departamento, como una filosofía de trabajo que involucra al resto de los departamentos y las áreas de la empresa para alcanzar un producto final de calidad, pero también un sistema sólido mediante el cual la atención al cliente, por sobre todas las cosas, sea eficiente”.

En el rubro sal no hay mucho para inventar pero sí hay mucho para mejorar en cuanto a los sistemas, dice el empresario. “Yo soy un fanático de lo que es la eficiencia en planta, y soy un convencido de que para poder diferenciarse hay que hacer las empresas cada vez más eficientes en todas sus áreas. Este siempre fue uno de los grandes desafíos, así como apostar a una mejora continua”.

Coronación
“Nosotros venimos trabajando en sistemas normatizados de calidad en nuestro departamento, bajo normas internacionales”, dijo Marcelo Haidar. “Este año cumplimos la gran meta y también se podría decir el sueño, tras siete años, de poder certificar las normas internacionales FSSC 22000 (Food Safety System Certification, una norma basada en la ISO 22000 que incluye requisitos adicionales). Con gran orgullo podemos decir que somos los primeros del país en alcanzar esta certificación dentro del rubro sal.

“Generalmente nos fijamos una meta, lo charlamos y sabemos al comenzar ese camino que nos va a llevar tiempo. No hay magia: es trabajo y esfuerzo”, remarcó.

El “milagro de la sal”
Para los titulares de la firma Tresal, “lo más importante es tener todo integrado el proceso, que sea vertical y que el control de calidad lo podamos hacer nosotros. La compañía hoy es productora de su propia materia prima, y partimos del corte de la sal. El primer paso es mirar el lago y determinar en qué momento vamos a cortar”.

-Es como criar la vaca, pero en su caso crían la sal…
-Exactamente. Observamos cuándo estará lista la cosecha de la sal. Cuidar el recurso para nosotros es fundamental, por eso nos abocamos fuerte al cuidado de la salina. Esta es una salina de laguna, con lo cual indica que hace millones de años era parte de mar; se retira el mar, evapora y queda a flor de tierra una reserva de cloruro de sodio de millones y millones de toneladas de sal. Este lago, que hoy se inunda porque está debajo del nivel del mar -45 metros-, tiene 6.000 hectáreas de extensión. En las épocas de lluvia recibe ese agua y la sal se convertirá en salmuera; en épocas de calor y viento empieza a saturarse y transformarse el agua dulce en salmuera, y forma el cloruro de sodio.

-Viéndolo así, es un recurso inagotable…
-No tanto como inagotable. Nosotros tenemos una reserva, que es el piso (la capa madre), estimada en unos 300 años de durabilidad. Esta capa, con el ingreso únicamente de agua de lluvia, por eso dependemos un poco de lo climático también, termina disolviendo algún pedacito. Eso es lo que hace una salmuera. Entonces a medida que las altas temperaturas hacen que ese agua se vaya evaporando, la concentración de esa salmuera es cada vez mayor, entonces queda más sal y menos agua. Directamente se forma el cristal de cloruro de sodio sobre la capa madre, la cual va sedimentando, se hunde y forma el piso de la nueva cosecha. Cada año, cuando se evapora el agua, cosechamos entre 1 y 3,5 centímetros, en época de verano.

-¿Cómo es el paso de la cosecha?
-Primero hacemos un corte sobre ese piso de la laguna, después se hace un acordonado del bloque y se pasa con las máquinas cosechadoras para recoger el material. Luego se estiba esa materia prima a la orilla de la laguna. En esas condiciones se lleva a la planta para arrancar el primer proceso que es el lavado. Allí arranca el proceso en planta. Lo que nos ha distinguido es el cuidado de la materia prima y contar con un lago con una formación de sal totalmente natural, porque el aporte básico es el agua de lluvia y la no intervención de la mano del hombre en esa generación del cristal de sal.

-¿Y en la planta, qué instancias siguen?
-Una vez que entra en la planta tenemos que controlar todos los procesos. Tenemos un lavado con maquinaria de última generación, tenemos, para el deshidratado, hornos rotativos con secado a alta temperatura, y nuestro proceso es continuo, es decir que la misma sal que nosotros volcando en las tolvas es la sal que nosotros hacemos: lavado, centrifugado y purificado de la sal, el triturado, el deshidratado, la clasificación y el envasado del producto. No hay almacenamiento de capas de sal.

-Va de la laguna al envase.
-Así es, en un solo circuito. Lógicamente que para poder hacer esto necesitás un conjunto de maquinarias de gran escala. La gran diferencia de cuando arrancamos, hablando en términos de evolución, es que todo comenzó procesando dos tipos de sal, con producciones muy bajas de entre 100 a 200 kilos por hora, con molinos a piedra, mientras que hoy se procesan 15 toneladas por hora y los molinos son de tecnología alemana. Pero esa fue una evolución producto de una decisión política empresarial bien definida.

La historia continúa: tercera generación

-Clara Haidar (26 años). Licenciada en Administración.
Lo que aportamos desde nuestra posición es tratar de profesionalizar la empresa y cada área en la que participamos. Al ser más jóvenes y por el desarrollo de nuestras carreras, también buscamos adaptarnos a los desafíos de la tecnología para que puedan aplicarse al trabajo diario en la empresa.
A diferencia de ellos (José y Marcelo), que se encargaron de la empresa porque falleció nuestro abuelo, nosotros tenemos un trayecto más largo para recorrer y transitar junto a ellos, por ende la transición será diferente.
Es muy lindo, al menos para mí, que venga un proveedor, cliente o gente allegada a la empresa, y nos cuente cosas lindas sobre nuestro abuelo, así me voy creando una imagen de la persona que fue porque cuando él falleció yo tenía 3 años, y no recuerdo prácticamente nada. Eso nos da un plus al momento de entender todo lo que significa la empresa para la familia.

-Sofía Haidar (25 años). Licenciada en Nutrición.
Hace poco que arranqué en la empresa, pero prácticamente desde que nací que estoy acá, siempre escuchando a mi papá hablar sobre esta empresa, las máquinas, etc., y viendo esa pasión con la cual lo hace. Lógicamente que a veces el hecho de ver cómo se reniega hace que uno se pregunte si quiere trabajar en la empresa, me lo planteé. Pero no puedo desligarme de esto, por eso decidí repartir el día entre mi trabajo profesional particular y la empresa.
El hecho de que seamos una familia hace que las cosas se hagan con pasión y capacidad, al igual que los empleados, que son parte de esta familia. Por eso uno quiere seguir adelante con todo esto y venir día a día.

-Javier Haidar (28 años). Contador Público Nacional
Desde chiquito que escuchamos a nuestros padres, todos los días, hablar sobre la empresa y ahora lo absorbemos desde adentro. Yo hace cuatro años que trabajo acá y me provoca mucha alegría poder aportarle a la empresa y a la familia un rol profesional y de trabajo. Recientemente tuvimos la fiesta por los 50 años de la empresa y ahí creo que dimensionamos lo grande que es la empresa y la cantidad de gente que trabaja aquí.
Con vistas al futuro, intentaremos aportar mucho desde los aspectos de nuevas tecnologías, responsabilidad social empresaria y recursos humanos, así que es un gran desafío el que tenemos por delante.

La persona detrás del empresario

José Haidar y el carácter emprendedor. “No por falsa humildad voy a dejar de reconocer que algo de capacidad hemos tenido para poder llevar esto adelante, aunque es cierto que somos de un perfil absolutamente bajo. Eso alguien me lo remarcó alguna vez, el hecho de dar a conocer un poco más lo que hacemos como para que la gente conozca lo que cuesta a veces el reconocimiento a algo que en la Argentina escasea mucho, que es un reconocimiento a la actividad empresarial, no al empresario en sí”.
“Por ahí se toma como ejemplo la figura de aquel empresario que hace grandes negociados con el Estado, pero no del tipo que hace 35 años llega a la empresa a las 7 y se va a las 19, y arriesga todos los días. Uno lo hace con gusto y sé que se repite en varios empresarios pyme. En nuestro país está absolutamente desvalorizada esta figura del emprendedor pyme. El día que falleció mi papá, escuché que había gente en el velorio que decía ‘estos chicos no van a poder’. Son cosas que nos golpearon, pero la demostración más clara es que se puede”.

Marcelo Haidar y la filosofía del trabajo. “Una de las satisfacciones más grandes que tengo es, además de ver el crecimiento que hemos atravesado, sentir que nuestra compañía ha dado tantas fuentes de trabajo. Mi papá arrancó con dos personas y hoy somos 100, eso es algo que me llena de orgullo y como empresario me siento muy satisfecho de poder lograrlo. El trabajo en equipo es lo que lleva a alcanzar el éxito y, si todas las áreas entienden eso como filosofía de trabajo, el logro está casi asegurado”.