El volantazo que faltaba

Ya venía sucediendo. Primero con los derechos de exportación y los reintegros. También con las percepciones impositivas de las importaciones. Y ahora llegó el turno al mercado de cambios.


Por Diego Dumont
CPN Especialista en Comercio Exterior (UNR)

El Gobierno no pudo sostener en el tiempo las medidas anunciadas como pilares de campaña. Ni el impulso a las exportaciones, que hoy tributan aún más que en 2015 y perciben menos, ni las percepciones distorsivas a las importaciones que se retiraron durante sólo siete meses, ni los estímulos de exportación que se elevaron y luego disminuyeron. El resultado es un período de cuatro años tan lleno de intenciones como de políticas que no se pueden sostener en el tiempo. Argentina es un país donde todo vuelve, incluso el cepo.
Un Régimen de divisas es un conjunto de normas jurídicas que en cada país se refieren a la compra y venta de moneda extranjera por particulares. Por particulares significa que es independiente de las intervenciones del gobierno, es decir de sus compras y ventas en moneda extranjera en el mercado de cambios utilizando las reservas de divisas.
Existen tres situaciones teóricas de régimen de divisas: libertad cambiaria (los particulares pueden comprar y vender libremente), control de cambios (el extremo opuesto de la libertad cambiaria, un rígido y estricto sistema que comienza por prohibir a los particulares el comprar o vender divisas y luego autoriza determinadas operaciones en ciertas condiciones y llenando requisitos que a menudo llegan al permiso individualizado), y un escenario intermedio que es el de restricciones cambiarias. Mientras las medidas tomadas a partir de hoy no provoquen la destrucción virtual del mercado de cambios, entiendo que estamos nuevamente en este contexto. El Gobierno busca que no se dispare el tipo de cambio, más aún luego de la bajante de las reservas internacionales de los últimos días incrementando la oferta de dólares (obligando a los exportadores a ingresar y liquidar) y cortando la sangría (requiriendo autorización previa del Banco Central para determinadas operaciones).
Es un nuevo giro al volante y en este caso como siempre el factor común es el carácter pendular de las políticas argentinas. Somos víctimas del corto plazo. Argentina tuvo control de cambios en la década del 30 del siglo pasado, luego en la década del 50 libertad cambiaria, desde 1964 restricciones en aumento, en los 90 libertad cambiaria, luego desde 2001 control de cambios hasta 2015, pasamos nuevamente por libertad cambiaria con la derogación del SEPAIMPO y de los plazos para ingresar y negociar divisas y ahora nuevamente restricciones.
El control de cambios se empezó a usar en el mundo luego de la gran crisis de 1930 (Inglaterra creó en 1932 la Exchange equalization account y los Estados Unidos en 1934 el American Stabilization Fund, los primeros antecedentes). Como ya vimos en años no tan lejanos, a mayor control se requiere una impresionante máquina fiscalizadora para intentar que no se burle el sistema, y una consecuencia natural de mayores controles es la aparición de un mercado clandestino -léase dólar blue- para las operaciones cercenadas (algo que seguramente volverá a ocurrir).
Es en este contexto tormentoso donde el empresario debe decidir, invertir y dar empleo. No sorprende que en Argentina casi 0,5% de más de 800.000 empresas exporten cuando en otros países lo hace casi la totalidad. Si queremos un país competitivo debemos en serio revisar la estabilidad de las reglas de juego y concertar desde distintos sectores y fuerzas políticas un horizonte común. Así no se puede.