Lugares confusos: dime qué lugar ocupas y te diré cuanto debes ganar

Las familias empresarias que confunden los roles de los familiares siempre terminan discutiendo por dinero cuando las causas están en otro lugar

Por Mg. Sergio Messing

“A mí que no me vengan con ideas raras porque aquí la cosa siempre fue así: el que pone el lomo se lleva plata, y el que no, no; aunque sea que venga a atender el teléfono, pero de arriba, nada”; dijo Tito, enojado, cortando la conversación con sus hijos en una reunión de trabajo con la familia en la que se discutía que hacía cada uno de los familiares en la empresa que tienen.

Tito tiene setenta y cinco años, y hace cuarenta y cinco fundó una empresa metalúrgica en una ciudad del interior de la provincia de Santa Fe, que se fue desarrollando con el tiempo hasta llegar a este presente que, a pesar de la situación coyuntural, la encuentra exportando a varios países vecinos y a otros continentes.

Sara y Tito tienen una hija y dos hijos, cuyas edades van desde los treinta y ocho hasta los cincuenta años.  Su hija, la mayor, es la Gerente de Comercio Exterior de la empresa, y hoy cumple desempeña un papel muy importante por el protagonismo que tiene el sector.  Su hijo, el segundo, es ingeniero mecánico y está en la oficina técnica, ocupándose de todo lo referido al diseño de los productos.  El tercer hijo, el menor, es Licenciado en Ciencias de la Administración, estuvo trabajando con la familia hasta hace dos años, cuando le salió una oportunidad para trabajar en una consultora internacional que lo llevó a vivir a Nueva York, donde está desarrollando una carrera profesional excelente.

Por consejo de los profesionales que colaboran con la empresa, y a raíz de una situación de salud que comprometió la vida de Tito, los padres decidieron donar las acciones a sus hijos para que ante cualquier circunstancia trágica pudieran evitar el juicio sucesorio.  Ahora, Rodolfo, el hijo menor, les reclama a sus padres una ayuda económica permanente porque, dice él, es el único de la familia que “de la fábrica no recibe un mango”.

Esto generó un conflicto familiar muy intenso, alejamiento del hijo menor con sus padres, discusiones entre hermanos, y un clima dentro de la familia y dentro de la empresa que los tiene a todos cargados de malestar.  Ante esta situación, Sara, la madre, propuso, casi impuso, la consulta a un especialista para que los ayudara a resolver la situación.

La confusión

Reina en las familias empresarias respecto de las cuestiones vinculadas al dinero, es causa de disputas muy fuertes, pero fundamentalmente es el síntoma de aspectos más profundos que no son comprendidos con claridad, y, por lo tanto, no son resueltos con eficacia y sustentabilidad en el tiempo.  Lo que no se comprende es cuál es el lugar que cada uno ocupa, y por lo tanto, reina la desubicación.

Esta confusión siempre está construida por el paso del tiempo, y aquellas situaciones que se fueron incorporando como naturales y que fueron generando superposición de roles que, llegado el momento, son muy difíciles de separar.  Sobre todo, cuando se trata de empresas en las que conviven el socio fundador con sus hijos, como es el caso de Sara, Tito y su familia.

En esa etapa el dinero se distribuye discrecionalmente, en un acuerdo entre padres e hijos más marcado por el poder de los primeros que por las lógicas de los segundos, y los criterios imperantes están más cercanos a la cultura familiar que a los criterios empresariales o a lo que la ley marca.

Un rol posible está en la propiedad, en ser dueño, en este caso de las acciones de la sociedad anónima bajo la que opera la empresa; y otro es ser un empleado, jerarquizado o no, que trabaja para la empresa yendo todos los días a hacer lo suyo.

Para Sara y Tito hacer esa separación es prácticamente imposible, porque no solo les resulta difícil de entender, sino que nunca ocurrió en su realidad.  Ellos se sienten los dueños y entienden que su obligación como tales es ir a trabajar todos los días, y en función de eso es que se llevan al bolsillo el dinero que les permite vivir como viven.  Y, por supuesto, entienden que, para sus hijos, la generación que les sigue, las reglas del juego deben ser esas, porque no conocen que haya otra posibilidad.

Esa forma de ver las cosas también se la transmitieron a sus hijos, hasta que uno de ellos, alejado físicamente de la familia y de la empresa, y desde un lugar de conocimiento diferente, vio otra realidad y la planteó en su familia.  Y allí se generó el conflicto.

Los dueños de las empresas, de cualquiera, familiar o no familiar, son los que tienen los títulos representativos de la propiedad a su nombre, son los propietarios de las acciones o las cuotas sociales, dependiendo del tipo de sociedad.  Esto les da, de acuerdo a la legislación vigente, derechos y obligaciones.  Dentro de las obligaciones no figura el trabajar en la empresa.  Dentro de los derechos figura el recibir la parte de las ganancias que les corresponde según el porcentaje de la tenencia de capital de cada uno.

Para Tito es incomprensible que Rodolfo, que no trabaja en la empresa, reclame dinero.  Para los hermanos de Rodolfo, es injusto lo que él hace, porque ellos sienten que son los que ponen el cuerpo para todo siga creciendo.  Para Rodolfo, sus acciones son la defensa de sus derechos.

Frente a esta situación, es imprescindible reunir a la familia, conversar con tranquilidad, aclarar los derechos y las obligaciones de cada uno, y construir un acuerdo que todos acepten y respeten.

Finalmente, la familia de Sara y Tito pudo acordar que:

  • Los padres iban a recibir una renta vitalicia que les pagaría la empresa, trabajen o no en ella, y que cubriría en exceso las necesidades económicas y financieras.  Esto era el reconocimiento a la condición de fundadores, y el modo de salvar la situación generada por la donación de las acciones.
  • Los tres hijos, socios, dueños, recibirían los dividendos que se originaran por las ganancias de la empresa, en partes iguales, porque así habían sido donadas las acciones. Aquí estaba la respuesta al reclamo de Rodolfo.
  • Los hijos que trabajan en la empresa recibirían un sueldo de acuerdo a la responsabilidad y al puesto de trabajo de ocupaban, reflejando una justa retribución por lo que cada uno aportaba.

 

La discusión sobre la distribución del dinero permite poner en evidencia los sobre entendidos, las confusiones y aclarar cuáles son los posibles roles que se pueden tener en una empresa familiar. Complejo, pero posible. Más fácil si se cuenta con ayuda externa. Continuará.

Un rol posible está en la propiedad, en ser dueño, en este caso de las acciones de la sociedad anónima bajo la que opera la empresa; y otro es ser un empleado, jerarquizado o no, que trabaja para la empresa yendo todos los días a hacer lo suyo.