Las familias empresarias harían bien en planificar la herencia

Las familias empresarias tienen patrimonios, y la empresa es una parte de ellos, cuyo destino tiene que ser conversado, acordado e instrumentado legalmente

Por Mg. Sergio Messing
sm@messingconsultores.com.ar

“Por ahora no tengo agendado morirme”, me contestó Horacio, algo molesto ante mi pregunta. Conversando con él en nuestra entrevista de inicio del proceso de trabajo, le había planteado si tenía planificado el destino de su herencia.
Vive en La Calera, provincia de Córdoba, tiene sesenta y cinco años, está casado en segundas nupcias, y tiene cuatro hijos, uno de ellos extramatrimonial. Desde hace treinta años es propietario de una industria química que fabrica productos para la explotación agropecuaria, y con los excedentes financieros de ese negocio hizo inversiones inmobiliarias urbanas y rurales, bursátiles y convirtió un hobby en una forma de ganar dinero: tiene un hotel en las sierras cordobesas.
“Ese será un problema de mis hijos, que se arreglen entre ellos. Demasiado hice yo para dejarles lo que les voy a dejar”, me respondió Francisco, cuando en una reunión en la que participaban sus familiares pregunté si había entre ellos algún acuerdo respecto de cómo distribuir los bienes de la familia, en realidad los de él y su mujer, entre sus hijos.
Estaban allí su esposa y sus dos hijos, mellizos de cincuenta años, que trabajan en la concesionaria de maquinaria agrícola que tienen en La Pampa, la más importante del sur del país. Hace cuarenta años que están en el negocio y en paralelo han desarrollado otros negocios: plantaciones de manzanas, industria alimenticia, y un importante paquete de inversiones financieras en el exterior del país.

Acumular patrimonio
Con el paso del tiempo y la ocurrencia de determinados sucesos las familias en general, y las familias empresarias en particular, van acumulando un patrimonio del que, a veces, ni siquiera son conscientes; porque forma parte de un proceso de desarrollo largo y lento, mientras la atención está concentrada en la atención de los temas cotidianos vinculados al negocio de origen.
Compras de oportunidad, resguardos patrimoniales, inversiones a las que conocidos o parientes invitan a participar, y un infinito etcétera; van haciendo que a lo largo del tiempo el patrimonio de los cabezas de familia se vaya agrandando y diversificando; y casi siempre eso está oculto o postergado por la actividad empresarial más importante, que, en términos patrimoniales, no necesariamente es la más grande.
La atención está centrada en la empresa madre, y es allí donde aparecen las preocupaciones, los planes, las disputas de poder y las de la propiedad también.
La discusión en la familia de Horacio es respecto de quién va a conducir “la fábrica”, como ellos la llaman, cuando él no esté o no pueda hacerlo. Sus hijos, medio hermanos, estando dentro o fuera de ella saben que algún día otro que no sea Horacio tendrá en sus manos el timón. Y algunos de ellos se preparan para que cuando ese día llegue, el elegido o el que entre a los empujones sea él.
Lo que no se conversa en la familia de Francisco, porque se sabe que desatará una discusión con pronóstico reservado, es quién de sus dos hijos sucederá al padre en el manejo de los negocios cuando él decida o esté impedido de seguir al mando. Más se acerca ese día, para el que no falta mucho, más crece el silencio y la tensión. Mientras tanto los hijos tejen sus alianzas en las sombras, dentro de la familia y de la empresa, para lograr influenciar sobre la postergada decisión de Francisco.
Mientras en ambas familias ocurre lo relatado, el patrimonio sigue vivo, creciendo, y sin que se le preste atención respecto a su distribución futura, algo que si se hiciera generaría un gran alivio en todos. En los padres porque disminuiría la angustia de pensar en la posibilidad de que sus hijos terminen peleados por cuestiones de negocios. En las madres porque las aliviaría de ejercer ese oculto y nunca reconocido rol de mediadoras en los conflictos de intereses individuales, o de excluidas de decisiones que le competen tanto como a los demás. En los hijos porque tendrían un panorama mucho más amplio respecto de las oportunidades que el futuro les ofrece. En la familia porque existiría la oportunidad de bajarle el tono a la discusión de quién ocupa el lugar simbólico del padre.
De no hacer nada, el día que Horacio, Francisco y sus cónyuges fallezcan, sus hijos irán a un juicio sucesorio en el que, si no se han puesto de acuerdo antes, si no se ponen de acuerdo en su transcurso, será un juez el que decida por ello, y lo hará de acuerdo lo que marca la ley. Y como lo jueces están para emitir sentencias, y no para ayudar a las partes a negociar, decidirá que cada uno sea propietario de la parte que le corresponde por ley, de cada uno de los bienes que conforman el patrimonio cuyos titulares son los padres.
Los hijos de Horacio, medio hermanos, de distintas madres, con muy poca historia compartida, provenientes de culturas familiares diversas, se convertirán en socios no elegidos en varios de los emprendimientos empresariales iniciados y desarrollados por el padre, y en inversiones por cuyo destino tendrán que ponerse de acuerdo inevitablemente. Conversaciones, negociaciones, acuerdos de muy trabajosa construcción. Ninguno podrá disponer de nada sin que los demás pongan la firma.
Los hijos de Francisco llevan años de una disputa muda, de un enfrentamiento sumergido que hizo que se vieran como enemigos, y la vida, o la decisión de un juez, los convertirá en socios no elegidos. Difícil será construir acuerdos entre ellos, cosa a la que estarán obligados para llevar adelante el patrimonio que tendrán en común.

Planificar la herencia
Es no solo una oportunidad para evitar las situaciones mencionadas, sino, y fundamentalmente, la posibilidad de cumplir con las voluntades de todos los interesados, los causantes, titulares actuales del patrimonio, y los herederos, titulares futuros.
Que el patrimonio tenga el destino elegido es una forma de que cada uno tenga lo que le corresponda en términos legales, pero, además, que los deseos individuales se vean atendidos, aunque sea parcialmente. Que la decisión sea tomada por los dueños de ese patrimonio, los actuales y los futuros, y no por una decisión judicial.
La ley provee de herramientas para hacerlo, y en un futuro cercano, si se aprueban las modificaciones al Código Civil y Comercial que están presentadas para su tratamiento en las Cámaras, habrá más recursos para resolver cada situación.
Hablar de la herencia es hablar de la muerte, y eso no es fácil ni para Horacio ni para Francisco. Algo menos difícil para sus hijos. Pero es inteligente y necesario.
Complejo, pero posible. Más si se cuenta con ayuda externa. Continuará.