La “uberización” de la economía

Aunque la famosa app de movilidad no desembarcó oficialmente, el uso de tecnologías disruptivas modifica el esquema de otras esferas, como la de los delivery. ¿Qué puede hacer el gobierno local frente a este fenómeno imparable? Opinan especialistas, funcionarios y concejales. 

Por Juan Chiummiento

Aunque en Rosario no se vieron escenas de quema de vehículos o violencia contra chóferes como en la ciudad de Buenos Aires, nada asegura que esa tensa calma que viven los taxistas locales no escale cuando Uber decida finalmente desembarcar. Porque así sucedió en las grandes capitales del mundo: sin previo aviso la plataforma se instala, comienza a brindar sus servicios y se desencadena una disputa con final impredecible.

La presencia de tecnologías disruptivas en distintas esferas de la vida cotidiana no es nueva (lo fue en su momento Mercado Libre, 20 años atrás), pero en el último tiempo generó impactos que suponen un desafío al rol del Estado, que habitualmente utiliza herramientas del pasado para pensar problemas del futuro. Las aplicaciones tienen en su naturaleza moverse en ambientes desregulados, escondiendo bajo el simpático rótulo de la «economía colaborativa» esquemas de precarización laboral que amenazan con destruir décadas de conquistas obreras.

Así como Uber sobrevuela las calles de Rosario, 2018 fue el boom de las apps de delivery (PedidosYa, Rappi y Glovo), como lo fueron las de hotelería (Airbnb, Booking y todo el sistema de alquileres temporarios) años atrás. Seguramente el futuro cercano siga otorgando nuevos ejemplos, porque se trata de un fenómeno a todas luces inexorable. «No es una posibilidad que se puede tomar o dejar. La tecnología es una dimensión más de cualquier negocio», opinó el coordinador de la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos de Argentina Ernesto Turcato, en sintonía con el presidente del Polo Tecnológico de Rosario Juan Pablo Mansón: «La tecnología transformó socialmente el modo de relacionarnos. Eso cambia todo», afirmó.

En este marco, ¿Qué hacen o qué pueden hacer los gobiernos locales? Para Mansón la situación puede tornarse peligrosa si los marcos regulatorios no se acomodan a los nuevos tiempos, pero en esta tarea entiende que la responsabilidad es compartida: «Todos los involucrados tenemos que tratar de actuar en tiempo y forma. No es fácil porque hay muchas instituciones en el medio que hacen que se pierda mucho tiempo», indicó. Razones no le faltan para preocuparse: el grueso de la ordenanza que regula el servicio de taxis data del año 1980.

Se dijo antes, pero vale repetirlo: el problema no es exclusivo de Rosario ni de nuestro país. En Nueva York el tema tomó una dimensión escalofriante, con una oleada de suicidios de taxistas que decidieron quitarse la vida por los desbarajustes económicos causados por el aluvión de la app.

Este año Mendoza se convirtió en la primera provincia del mundo en habilitar el uso de Uber antes de que desembarque el servicio. Aunque con grandes reparos del gremio y organizaciones de la sociedad civil, el gobernador Alfredo Cornejo resolvió autorizarla en calidad de «servicio de transporte privado a través de plataformas electrónicas» de interés público, con la obligación de abonar un impuesto que se destina al financiamiento para la adquisición de nuevas unidades de transporte.

Con un espíritu similar -aunque por ahora sin el mismo éxito legislativo- la concejala María Eugenia Schmuck (Frente Progresista) presentó un proyecto de ordenanza para regular todas las aplicaciones móviles vinculadas a la movilidad, locales y foráneas. «Hay otras plataformas que no son Uber que hoy están en funcionamiento y no dejan dinero en la ciudad, así como tampoco están alcanzadas por ninguna norma que permita plantear requisitos de habilitación», dijo la edila, que aseveró que «negarse a discutir estos temas es negarse a plantear la existencia de las tecnologías».

La respuesta del municipio frente a la posible llegada de Uber fue, en primer lugar, rotularla como una «remisería trucha» y luego encarar un desarrollo que tenga los mismos patrones de servicio. Así nació Movi Taxi, promovida tanto por la Intendencia como por peones y titulares de licencias, una app que permite solicitar un auto, estimar el costo del viaje, conocer la identidad del chofer (incluso elegir preferencia de género) y escoger entre diversas modalidades de pago. «No dejamos entrar a Uber porque lo que hace es precarizar el servicio público.», definió el secretario de Gobierno Gustavo Leone.

Por más «cerrojo» que se le imponga, nada asegura que de un momento termine llegando a la ciudad. Según los últimos reportes que brindó la compañía (en julio pasado), más de 3.000 personas se habían anotado para ser choferes, en tanto que 75.000 usuarios locales ya habían descargado el aplicativo en su teléfono. Esa primera cifra es apenas inferior al número de chapas habilitadas (3.933). «Nos entusiasma la cantidad de gente que ha bajado la aplicación, comenzado el proceso de inscripción para generar ingresos y los que ya se han registrado para viajar», declararon en ese entonces.

Martín Feldstein, especialista en aspectos de transformación digital y CEO de la consultora Meriti, exhortó por un cambio de conciencia en el tratamiento de estos temas, ya que «si seguimos en este modelo del siglo 20 nos estamos yendo a una decadencia de la cual será difícil salir».

 

A no quitarle el ojo

Tanto en lo referente a movilidad como al servicio de delivery, lo cierto es que los avances del negocio van más rápido que la capacidad del Estado por asumir estos cambios. Los especialistas hablan de una era de tecnologías «exponenciales», por la velocidad que imprimen a los cambios. Para el presidente del Polo Tecnológico de Rosario Juan Pablo Mansón los casos de Uber, Rappi o Glovo muestran quizás del costado más peligroso de la innovación: «A través de la tecnología podemos acercar partes que antes estaban alejadas por capas como el Estado o las instituciones. El avance y la frustación del consumidor por algunos servicios tradicionales genera que esas capas vayan desapareciendo, y eso puede ser peligroso», finalizó.

 

RESALTADOS

La respuesta del municipio frente a la posible llegada de Uber fue, en primer lugar, rotularla como una «remisería trucha» y luego encarar un desarrollo que tenga los mismos patrones de servicio.