El dólar, los ladrillos y el momento actual

Los argentinos tenemos casi pasión por el dólar. El motivo: es una moneda bastante estable y de muy fácil convertibilidad, con la que uno puede ahorrar y mantener relativamente el valor de sus ahorros durante un tiempo no demasiado prolongado.

Por Alberto Bottai

Pero analicemos cuidadosamente lo expresado: dije “Bastante estable”, porque no es absolutamente estable. Si bien se devalúa muy lentamente, no nos asegura en el tiempo el mantenimiento de nuestros ahorros. Pero esto es muy difícil de percibir, sobre todo en nuestro país cuya moneda que tiene décadas de una constante devaluación parecida al 30% anual.
Para ver como el dólar pierde valor ante bienes durables como un inmueble, siempre recurro al mismo ejemplo: un departamento de un dormitorio que en el año 1984 costaba aproximadamente 6.500 dólares, 65.000 dólares en el año 2009, es decir que en 25 años la propiedad había multiplicado su valor por 10. Tenemos que ver que esto ocurre con inmuebles, porque un automóvil se devalúa más rápidamente y ni hablar de los electrodomésticos, debido al progreso de la tecnología de fabricación.
También dijimos, de muy fácil convertibilidad, pero no debemos olvidar que entre el precio de compra y el precio de venta existe aproximadamente un 4% de variación, porcentaje que uno pierde al utilizar esta moneda para ahorrar y si esto se hace habitualmente es un costo para tener en cuenta.
El pronunciado salto que experimentó el dólar el año pasado, hizo aumentar el deseo de poseerlo, pero veamos que otras alternativas se nos presentan. Vimos que no conviene mantenerlos en el tiempo, porque pierde valor frente a inmuebles, y en la actualidad, si se llega a la cuota de un edificio en construcción, es una muy buena alternativa donde no solo se conserva totalmente el valor de lo aportado, sino que en la actualidad los fideicomisos en pesos tienen un costo inferior al de la unidad terminada, aún con la disminución del precio en dólares que se puede lograr con la compra en dólares billetes.
En relación del valor en que se comercializa los inmuebles en esta época, vemos que claramente se ha acentuado la diferencia entre las propiedades de buen nivel de calidad y el resto. Como defino que es una propiedad de buen nivel: fundamentalmente por su ubicación en la ciudad y por la calidad constructiva. Las propiedades que cumplen con esas dos condiciones, en general prácticamente no han modificado su valor en dólares o lo hicieron muy ligeramente. En cambio, no ocurre lo mismo con aquellas de ubicaciones de segunda línea, con cierta antigüedad o de baja calidad de construcción.