¿Qué es el ADN de una empresa?

La mayoría de nosotros conoce y entiende el concepto de ADN. Sin saber demasiado de complejos temas técnicos, podemos afirmar que se trata de aquello que nos da identidad y define como personas individuales, diferentes a los demás.

Por Gustavo Giorgi

Con las organizaciones sucede algo análogo, en tanto todas cuentan con sus particularidades, cultura e idiosincrasia que le confiere un modo de ser, especial en el mundo. Sin embargo, no son muchas las que se animan a encarar un proceso de formalización de eso que existe pero que no fue nombrado aún.

Determinar el ADN de la empresa implica que quienes la dirigen se den la oportunidad y tiempo para pensarla desde sus bases: ¿Quiénes somos?; ¿En qué negocio estamos?; ¿Cuál es nuestro modelo?; ¿Qué pretendemos de las personas que componen nuestra Compañía?; ¿Qué valores nos guían en el día a día?, ¿Qué actitudes nos parecen insoslayables?

Animarse a plantear estos interrogantes hacia adentro implica el riesgo cierto de encontrarse con el vacío en la respuesta. O bien que lo primero que venga a la cabeza no sea exactamente lo que queremos: Darse cuenta que estamos para más pero que no sabemos cómo explicarlo o comunicarlo, tanto a nuestros clientes y proveedores como de manera interna, hacia nuestros colaboradores.

En más de una oportunidad escuché a muchos empresarios quejarse porque sus empleados no eran capaces de tomar decisiones o de hacerse responsables por sus actos. O les achacan que les preguntan demasiado en lugar de resolver problemas por sí mismos. Sin embargo, si a esos mismos managers se los llama a la reflexión, inquiriéndoles de forma directa: “¿Y usted piensa que sus colaboradores saben y sienten hacia dónde se dirige el negocio? ¿O bien cree que lo intuyen, a partir de conocerlo a Usted?”. Puedo asegurar que una gran parte reacciona en este instante, admitiendo de inmediato como en una epifanía que no solo su personal lo ignora, sino que él tampoco tiene tan claro en qué Compañía trabaja cada día.

Es indudable que en los tiempos que corren, de alta volatilidad e incertidumbre, resulta imprescindible sentar bases sólidas y firmes que luego se traduzcan en objetivos estratégicos concretos y medibles.

Realizar un análisis puertas adentro, para relevar sin miedos nuestras principales fortalezas y debilidades, como así también contar con información valiosa del contexto, es la primera acción sugerida.

Luego, avanzar con la redacción de nuestra Misión (¿se preguntó alguna vez qué se perdería el mundo si su empresa no existiera?); la Visión (qué queremos lograr o El lugar dónde nos gustaría estar más adelante) y los Valores, no lo que es importante en mi vida, sino todo aquello que ponderamos y que su ausencia nos desdibujaría completamente.

Es cierto que muchas organizaciones definen estos conceptos como un mero formalismo para cumplir con las normas de calidad. Y también es verdad que eso es una pena. No saben que están perdiendo la condición de desarrollo, futuro y sustentabilidad para la empresa. No existe organización en el mundo que sea capaz de asegurar su permanencia si es incapaz de pensarse a sí misma, avanzar en el autoconocimiento y crear su propio, único y perfecto ADN.

 

Luego, avanzar con la redacción de nuestra Misión (¿se preguntó alguna vez qué se perdería el mundo si su empresa no existiera?); la Visión (qué queremos lograr o El lugar dónde nos gustaría estar más adelante) y los Valores, no lo que es importante en mi vida, sino todo aquello que ponderamos y que su ausencia nos desdibujaría completamente.