El desafío de producir el alimento del futuro

Argentina ante un gran problema y una enorme oportunidad de darle de comer al mundo. Una mirada desde la ciencia y la economía.


Ignacio Negri

Especialistas de las ciencias duras y blandas se reunieron en Rosario para debatir sobre la falta de alimento en el mediano plazo, la escasez de suelo productivo, la desnutrición y la obesidad. Temas tan globales y transversales como estos, ameritan un trato interdisciplinario con miradas que lleguen desde diferentes ámbitos.

La ciencia y la economía pueden generar grandes aportes, no sólo para dar un diagnóstico certero de cómo estamos ante estas amenazas, sino también para ofrecer alternativas de cambio ante un problema que se puede resumir en algunas cifras.

“Hoy en día tenés 800 millones de personas en el mundo que están hambrientas. Eso significa que consumen menos calorías de las que necesitan, pero también hay 900 millones de personas con sobrepeso. El hambre es casi el mismo problema de obesidad, en este último caso es más complicado porque tenés que trabajar sobre el comportamiento humano. Ahí la economía, ya como ciencia social, economía de comportamiento, juega un rol importantísimo y asume el desafío de generar incentivos para que la gente no coma comida chatarra o haga más ejercicio”, son las primeras reflexiones del economista y ex secretario de Industria, Eduardo Bianchi, mixturando en la misma respuesta, conceptos estadísticos y sociales.

A estos datos se le suman dos más: el aumento de la población y la reducción del suelo productivo, dos factores determinantes que dificultan la producción de alimento en el futuro. Para Bianchi, el crecimiento demográfico genera una demanda a la cual es cada vez más difícil responder porque los recursos naturales se están degradando. “Ante este panorama la economía debe generar incentivos para que la gente cambie su estilo de vida. Por ejemplo, lo que pasó con el cigarrillo. Ahí tuviste impuestos, mensajes, todo tipo de instrumento que cambió el comportamiento humano. Ahora se está estudiando cómo aplicar economía de comportamiento en el tema obesidad, para que el sector privado también vaya cambiando su función de producción y se dediquen a producir otro tipo de alimento”.

El rol de la ciencia
Ante este panorama, nuestro país se encuentra con una gran oportunidad, pero también con un problema que debe ser abordado inmediatamente con políticas de Estado activas. Argentina tiene recursos naturales para alimentar a 400 millones de personas y sin embargo tenemos 9 millones de argentinos están en la pobreza y son vulnerables ante la seguridad alimentaria nutricional. De ese total, 1,5 millones están subalimentados, es decir, con menos calorías que las necesarias y además se está trasformando en un país con altos índices de obesidad. Tenemos casi un tercio de la población con grandes problemas de alimentación.

“El compromiso de la ciencia con distintos temas de impacto global es brindar evidencia objetiva y extraer las conclusiones. La virtud de la ciencia es que se basa en la evidencia y no en mitos o creencias. Si la ciencia es capaz de entregar información objetiva, los gobiernos y las empresas pueden tomar decisiones éticas, morales y políticas. La ciencia tiene que decir cuáles son las opciones de manejo de suelo que son buenas, las que se deben evitar y lograr mejor productividad sin comprometer el ambiente, ese es el compromiso de la ciencia: objetividad basada en evidencias”, introduce el científico rosarino de reconocimiento internacional, Alejandro Vila.

En relación a los avances que ha dado la ciencia en materia de producción de alimento, algunos han generado grandes debates, como la producción de transgénicos. Para el director del Instituto Biología Molecular de Rosario (IBR) existe una gran variedad de vegetales que son naturalmente transgénicas y son seleccionadas. “No son intrínsecamente malas o buenas, pueden serlo algunas si son mal utilizadas, malos para el ambiente, así como también hay cosas que, por ser naturales, no son sanas. Hay veneno en la naturaleza y si nosotros comemos una planta que es venenosa nos vamos a morir. Ha avanzado mucho la ciencia en tratar de generar elementos transgénicos quirúrgicamente en los cuales uno puede adaptar algunas plantas para que crezcan donde hay sequía o algunas deficiencias de hierro, de nitrógeno, o de fosfato que son nutrientes. En definitiva, la ventaja de la transgénesis generada en los laboratorios es que uno puede elegir qué genes introduce o qué genes saca a diferencia de la transgénesis natural que ocurre al azar. En eso ha habido muchísimos avances que tienen que ser acompañados por inversores privados para llevar lo que se hace a escala de laboratorio a escala industrial”.

Mejorar el suelo
Otro de los desafíos que se plantea la ciencia para los próximos años es cómo lograr mejorar el suelo productivo, ya que año tras año se reduce la superficie cultivable en todo el mundo. Actualmente hay 13 millones de hectáreas cultivables y cada año se pierden 10 millones de hectáreas. De esta manera, el objetivo inmediato es frenar esa pérdida, y posteriormente comenzar a avanzar sobre las tierras que no están preparadas.

“Para eso debemos considerar al suelo como si fuera un elemento vivo en interacción continua con el ambiente. El suelo, en cada uno de los lugares, contiene muchos nutrientes provistos por los organismos. Eso es lo que configura el microbioma. Se trata de un conjunto de microorganismos que están en nuestro cuerpo, en los animales, en las plantas y en el suelo. El gran desafío de la ciencia es conocer el microbioma de cada uno de los lugares para poder asesorar bien a los productores de alimento, eso nos va a permitir estimar cómo va a evolucionar el suelo con diferentes tratamientos”, plantea Vila.

El alimento del futuro
El cónclave de científicos que se reunieron hace un par de semanas en Rosario bajo el lema del S20 fue clave para llevar conclusiones al G20 sobre este tema: se necesitan alimentos más sanos y para ello, los gobiernos deben generar conciencia y fomentar un consumo saludable desde la comunicación.
“Si uno analiza el problema de la nutrición a escala global, se puede dar cuenta de que no sólo está presente en países pobres donde hay escasez de alimento, como sucede en África por ejemplo. Hay países avanzados con muchos problemas de mal nutrición por el consumo de comida chatarra. Eso tiene que ser acompañado con políticas públicas que permitan tener un control sobre el tipo de alimento que se venda indicando los valores nutricionales. Apostar a eso, calidad nutricional”, argumentó el científico.

Por último y aportando mayor precisión, Vila advirtió que, si bien puede sonar “espantoso”, para los fanáticos del asado (risas), en Holanda y EE.UU. ya se está produciendo carne sintética a través de cultivos celulares. “Ya se puede tener una hamburguesa sintética haciendo crecer células”, dijo, y explicó: “Lo bueno de esto es que no hay que matar al animal, se ahorra mucho consumo de agua y también se cuida el ambiente por la cantidad de gases que despiden las vacas. En definitiva, se trata de ir sustituyendo parte de lo que se consume de animal de ganado por carne que se produce en laboratorios. Acá hay algunos esfuerzos con algunas empresas que quieren invertir, lo cierto es que para hacer la primera hamburguesa sintética se necesitaron 200 mil dólares, hoy ese costó bajó a 250 dólares”.

Como se puede observar, y más allá de los esfuerzos que está haciendo la ciencia por igualar a la carne, el gran problema del mundo será la falta de alimento y nosotros como país tenemos un gran problema y una gran oportunidad. “Hay 7 países en el mundo que exportan el 55% de los alimentos. El 90% de los alimentos que se generan globalmente dependen del suelo. A futuro si logramos ser un país que no sea mayormente exportador de alimentos primarios, sino que le pongamos valor y calidad, vinculando la ciencia con los productores, tenemos la posibilidad de ser un país muy rico y de aportar al crecimiento del planeta”, culminó Vila.

Hoy en día tenés 800 millones de personas en el mundo que están hambrientas. Eso significa que consumen menos calorías de las que necesitan, pero también hay 900 millones de personas con sobrepeso”.
Eduardo Bianchi: El hambre es casi el mismo problema de obesidad, en este último caso es más complicado porque tenés que trabajar sobre el comportamiento humano”.