Once consejos para que tu equipo sostenga el entusiasmo

Posiblemente uno de los problemas más frecuentes en las organizaciones no sea la ausencia de ideas o proyectos, sino la capacidad de mantener la motivación de la gente para llevarlos adelante. Ante esto, solo los líderes realmente eficaces serán quienes triunfen en ese desafío.

Por Gustavo Giorgi

Luego de haber entrevistado, analizado y observado la conducta de muchos de ellos, aquí les dejo sus principales enseñanzas.

  1. Resetear cada tanto

Tal como sucede con las computadoras, a las que cuando se tildan hay que reiniciar, lo

mismo debe ser hecho con los equipos. Periódicamente hará falta rever algunas normativas, revisar objetivos o ajustar algunos miembros y sus relaciones. No está mal este “volver a cero” ya que no equivale a regresar al principio, sino más bien a reformular radicalmente aquello que lo amerite. En sentido inverso, corresponde a un acto suicida el obsesionarse con un respeto incondicional a lo planteado, primeramente, y aferrarse a ello tal si fuese un libro sagrado.

  1. Dejar que fluya la comunicación. ¡Pero conducirla!

Es falso que el mero hecho de confesar aquello que a uno aqueja es en sí mismo un acto curativo.

Si bien Freud, con la creación de la catarsis como herramienta terapéutica logró grandes avances, es necesario decir ahora que los problemas no se resuelven sólo hablando. La recomendación aquí, basada en la experiencia analizada de múltiples líderes exitosos, indica la necesidad de generar un espacio en el que la gente pueda efectivamente manifestarse y comentar todo aquello que le parezca importante (incluidos sus problemas). Pero es igualmente vital que esa comunicación sea conducida por vías saludables, es decir, evitar el camino hacia la queja y guiarla hacia propuestas y soluciones capaces de ser aplicadas en la organización. De lo contrario sólo tendremos grupos de autoayuda y no equipos de trabajo eficaces.

  1. No confiar solo en los métodos

Para toda organización es indispensable contar con métodos de trabajo y eso implica mejorar permanentemente sus procesos de gestión.

Nociones como las de planificación, fijación de objetivos, controles periódicos, entre otras, son la condición de toda organización moderna.  Sin embargo, esto no debe confundirnos y hacer que nos olvidemos de las personas. Los métodos son buenos en tanto y en cuanto estén de nuestro lado. Fundamentalmente, tenemos que ser plenamente consciente de que son aplicados por personas y como tal estas son falibles.  En consecuencia, para lograr resultados extraordinarios y sostener la motivación resulta clave monitorear permanentemente a las personas más allá de lo que mandan las planillas Excel.

  1. Afiliación y sentido de pertenencia

Fue Abraham Maslow el que en la década del 50 mostró con claridad en su pirámide de las necesidades que el sentido de afiliación resulta vital para todos los seres humanos.

Una de las cosas que he comprobado a través del tiempo es que el descenso en el entusiasmo de los equipos, a veces tiene que ver con el debilitamiento de sus lazos. Por lo tanto, el líder, si quiere mantener vivo el deseo de los miembros, debe estar perfectamente seguro de la salud de sus vínculos.  En este sentido resulta muy útil la conversación periódica con cada uno y la observación de los comportamientos grupales. Si detectamos que algo no anda bien, debemos tomar cartas en al asunto, aprontando su resolución.

  1. Echar una pizca de competitividad

Cada vez que me preguntan si es bueno generar competencia entre los colaboradores mi respuesta siempre es la misma: “Todo depende de en qué medida”.

Si bien no hay una regla universal aplicable, sí puedo afirmar que una competencia interna dentro de determinados límites, controlados, resulta una interesante herramienta para despertar a quienes se hallan inmersos en su tibia zona de Confort dado que a nadie le gusta sentirse menoscabado o salir mal puntuado en el ranking grupal.

  1. Detonar el orgullo grupal

El orgullo es un sentimiento capaz de generar una alta cohesión grupal y además, lograr que las personas realicen un esfuerzo extraordinario.

Cuando un competidor nuevo se instala cerca nuestro o un cliente pone en duda nuestra calidad de producto o servicio, el líder debe utilizar estas cuestiones para apalancar la autoestima grupal.  Así, podrás ver cómo el equipo anteriormente mediocre se transforma paulatinamente en una construcción superior.

  1. Crea islas en el océano.

Es usual que los miembros del equipo consideren titánica su tarea, viendo a sus metas como el

horizonte en el mar: siempre lejano. Entonces, es conveniente detenerse en mojones que permitan un descanso, pero en simultáneo valorar el camino hasta allí recorrido. Como ejemplo, muchos corredores de fondo utilizan como técnica de fortaleza mental pensar en los kilómetros ya pasados antes que a los que aún faltan atravesar. Concretamente, si se plantean objetivos anuales, es bueno utilizar reuniones periódicas en las que se destaquen los avances hasta allí conseguidos.

  1. Prestar atención a sus problemas cotidianos y ser práctico para resolverlos.

Pienso que uno de los errores más frecuentes en el liderazgo es minimizar la importancia que

los colaboradores atribuyen a sus dificultades. Si entiendes esto en profundidad, podrás enfocarte positivamente en las soluciones, antes que a quejarte por su posible falta de visión o tendencia a la queja.

  1. Ampliar su espectro de saber, generando instancias de aprendizaje.

¿Cómo y cuánto debe saber un empleado para hacer bien su tarea?

Esta respuesta únicamente podrá ser respondida si tenemos claros sus descriptivos de puesto. Sin embargo, es vital concientizarse que ese saber no se agota en el cargo actual. Por ende, si el

colaborador tiene la oportunidad de ir a cursos aparentemente no relacionados con su actividad actual se sentirá apreciado por la empresa. Un ejemplo de esto es enviar a una persona de logística a un curso de Gestión de proyectos o a un personal de ventas a uno que enseñe a dominar planillas de cálculo.

  1. Fomentar espacios de trabajo comunes, evitando el aislamiento.

Tal como decía más arriba la noción de comunidad permite sentirse parte de algo mayor. El hecho de sentir que hay otros compañeros atravesando situaciones similares a la nuestra, ya sea compartiendo éxitos o dificultades, nos brinda un bienestar emocional y una red de contención mutua.

  1. Permitir el desarrollo de la expresión individual

El trabajo en equipo supone una paradoja en sí mismo: por un lado, es la apología de la individualidad, y por el otro exige estándares comunes de actuación. Acerca del primero de esos puntos, el líder debe proporcionar los espacios propicios para que cada quien pueda manifestar sus ideas y sobre todo tomar decisiones de forma autónoma, aunque eso implique criterios diferentes a los colectivos. El líder debe lidiar con esta contradicción, evitando el falso dilema entre lo individual y lo grupal. Debe, en síntesis, aprovechar la potencia individual y encauzarla hacia el equipo. Solo de esta forma se logrará un real fenómeno sinérgico.