La siembra de girasol sería la más alta en 10 años

Un informe preliminar de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires muestra una mejora en la intención de siembra para la próxima campaña con cerca de 2 millones de hectáreas a implantar. Cómo impactó la devaluación en el ánimo de los productores y cuáles son las oportunidades que brinda el contexto internacional.

La Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) dio a conocer los resultados preliminares de la intención de siembra del girasol para la campaña 2018/19 y anticipó que el área destinada al cultivo crecerá 8,6% respecto del ciclo anterior, alcanzando 1,9 millón de hectáreas (Mha), con un adicional de unas 150 mil. La cifra es un 24,2% superior al promedio de las últimas cinco campañas agrícolas, tomando como referencia el período entre las de 2013/14 y 2017/18. Para encontrar una siembra mayor a las dos millones de hectáreas, hay que remontarse al ciclo 2008/09.

Según el Departamento de Estimaciones Agrícolas de la entidad, “los resultados preliminares indicaron una importante expansión de la oleaginosa en las regiones del norte del país, principalmente el NEA (Noreste argentino)”. En este sentido, el informe destaca que en esa zona, “ante una adecuada oferta hídrica podría comenzar con la siembra en los próximos días”. También sostiene que los mayores incrementos en la intención de siembra se observan sobre los núcleos productivos de Buenos Aires y La Pampa donde el cultivo “se perfila a recuperar el área que no pudo ser implantada durante la campaña pasada por excesos hídricos”.

En diálogo con Infobae, el asesor económico de la Asociación Argentina de Girasol (ASAGIR), Jorge Ingaramo, recordó que “en la campaña 2006/07 llegamos al récord de 2,6 Mha; en la 2014/15 y en la siguiente caímos a 1,2 Mha. Como consecuencia, este 1,9 Mha que se proyecta para esta campaña está exactamente en la mitad del camino de la recuperación de lo que perdimos. Habíamos perdido 1,4 Mha y con esta intención de siembra estamos recuperando 700 mil hectáreas”, explicó.

Por otro lado, Ingaramo se mostró cauto en relación a las perspectivas climáticas: “Esperemos que la situación del famoso año Niño, que parece venir, sea favorable; sobre todo en el Este y Sudoeste de Buenos Aires y gran parte de La Pampa, donde se registraron los mayores problemas con las inundaciones en la campaña pasada y de sequía sobre finales del año pasado y comienzos de 2018. También deseamos que no sea un Niño arrollador que se lleve todo puesto”, manifestó.

El informe de Pre-Campaña de la BCBA argumenta que tras un verano con escasez hídrica, las precipitaciones registradas durante los meses de abril y mayo lograron abastecer de buena humedad a los perfiles que se encontraban en estado de sequía y mejorar las perspectivas para la nueva campaña de gruesa. El trabajo detalla que “el noreste y sur de Santa Fe, gran parte de Buenos Aires y la Cuenca del Salado presentan una condición de humedad entre buena y óptima, posibilitando un incremento en la intención de siembra con girasol”.

La entidad granaria sostiene que, en contraposición, sectores del oeste de Chaco, noroeste de Santa Fe, sudoeste de Buenos Aires y La Pampa mantienen un estado hídrico deficitario, producto de la ausencia de lluvias durante el último mes, que podría afectar al comienzo de la siembra de la oleaginosa. De todas maneras, aclara que “las perspectivas climáticas para el invierno proyectan vientos del trópico que causarán periodos templado/cálidos de cierta duración y aportarán humedad para la producción de precipitaciones algo superiores a la media estacional”.

Factores económicos

Para Ingaramo, entre los elementos que incentivaron el ánimo de los productores para apostar cada vez más al girasol estuvo en la apreciación del dólar que, según consideró, “ha sido un evento indudablemente favorable”. Sin embargo, advirtió que “pasar a costos una devaluación tan fuerte como la que hubo en tres meses del 35%, fue un elemento decisivo”. Por otra parte, el hombre de ASAGIR resaltó que “el año pasado, los productores de Chaco y Norte de Santa Fe, tuvieron unos muy buenos precios de primicia”. ¿Qué significa esto?

Sucede que las industrias del centro-norte del país necesitan procesar rápidamente los granos que se cosechan en esas provincias y deben tenerlos listos antes de mediados de marzo, cuando empieza a arribar la producción de soja de la nueva campaña. “Hay una formidable ventana de oportunidad para los productores que, como dicen ellos, es la platita para fin de año que les asegura una buena rentabilidad”, explicó el analista.

Los factores más importantes a tener en cuenta son la devaluación, la licuación de los costos de flete, y la posibilidad que el Norte consiga un buen precio de primicia como los de la campaña pasada
En este sentido, la entidad cerealera porteña considera que “desde la campaña 2016/17, donde se produjo una mejora relativa del precio del grano al precio de los insumos, esta relación se ha mantenido estable durante los meses de pre siembra. Este año no es la excepción, resultando en una relación favorable para la producción del cultivo”.

Escenario internacional

Más allá del trabajo de la BCBA, Ingaramo analizó las cifras del último informe de julio del Departamento de Agricultura de los EE.UU. (USDA, por sus siglas en inglés) y las comparó con las del mes anterior. Allí se encontró con que la entidad norteamericana “infló demasiado el rendimiento esperado en Ucrania y Rusia y lo terminó corrigiendo de golpe, por lo que hoy tenemos 3 millones de toneladas menos de girasol y por consiguiente hay 1.300.000 toneladas menos de aceite”, afirma.

Este escenario es el reflejo de una reducción de 2 Mtn para la producción ucraniana (baja de 15,5 a 13,5 Mtn), y un millón de toneladas de merma para la rusa (caída estimada de 11,5 a 10,5 Mtn). No obstante, mantuvo en 3,5 Mtn la producción de la oleaginosa para la Argentina. Según el asesor de ASAGIR, “la Unión Europea continúa con una proyección de oferta de 9,1 Mtn. El total de la molienda disminuye en 8,9 Mtn, con bajas de 4,06, 2,75 y 2,13 Mtn en el crushing de soja, girasol y canola, respectivamente”.

“Para la Argentina, es un incentivo”, apunta Ingaramo. “Hay que esperar que ingrese el grueso de la cosecha ucraniana desde fines de agosto hasta octubre-noviembre. Cuando nosotros ingresemos con nuestra producción de Buenos Aires y La Pampa, que se procesa en abril del año que viene, se habrán licuado los stocks de mayor producción de Ucrania y vamos a poder aprovechar mejores precios”, estimó el economista.