Valor y poder de los acuerdos

La palabra escrita siempre ayuda

 “En nuestra familia alcanza con las palabras, no hacen falta los papeles” me respondió Francisco cuando, al comienzo del trabajo con ellos les propuse que vayamos dejando por escrito los resultados de lo que íbamos a hacer.

Por Sergio Messing

sm@messingconsultores.com.ar

El, su mujer Blanca, y sus seis hijos habían decidido empezar a conversar para construir los acuerdos que regularan la relación entre ellos, la familia, y el grupo de empresas de las que son propietarios: explotación agropecuaria, industria metalúrgica, concesionaria de maquinaria agrícola, desarrolladora inmobiliaria.  Son las empresas que constituyen la parte más importante del patrimonio familiar, en las que algunos de ellos están involucrados en la conducción y la gestión, y otros no.

Francisco me respondió incómodo, con molestia, como si yo hubiese puesto en duda el compromiso de los miembros de su familia con aquello que dicen o prometen hacer. Como si la idea de escribir tuviera que algo que ver con la falta de confianza. No le gustó nada la propuesta que les hice y me lo hizo saber con sus palabras y con su cara.  Es una familia con una muy buena relación entre sus integrantes, y que hasta ahora no ha tenido conflictos por causas vinculadas a sus empresas.

Los acuerdos que las familias empresarias construyen con tiempo y esfuerzo están hechos para que se sostengan durante años, y que regulen las relaciones no solo entre aquellas personas que los elaboraron, sino también entre los miembros de las generaciones futuras que no participaron en su construcción, muchos de los cuales no han nacido al momento en que esos acuerdos se empiezan a aplicar. Tienen que ser claros y precisos mientras tengan vigencia y para todos los que estén alcanzados por ellos.

Francisco, Blanca y sus hijos van a invertir tiempo, expectativas y dinero para que esos acuerdos vean la luz.  Van a conversar, discutir, disentir, enojarse, apaciguarse, negociar, ceder, hasta que en cada tema a tratar lleguen a una solución aceptada por todos, con distintos niveles de convicción y conformidad en cada uno.

Lo harán por consenso, por votación o por el método que a ellos les resulte más aceptable y efectivo en cada momento.  Finalmente llegarán a un resultado que exprese una voluntad colectiva, una mirada conjunta del futuro, y para lograrlo cada uno exigirá, concederá, se mantendrá neutral, de acuerdo al tema que se trate y al interés particular que cada familiar tenga en el.  Para todos será un esfuerzo de análisis, imaginación, negociación, tolerancia y priorización de los intereses que tienen en común por sobre aquellos que solo son de cada uno.

La clave, consenso

Todo eso será camino recorrido todos juntos para llegar a un valioso resultado, y no parece prudente ni inteligente que quede solamente en la memoria de los participantes en el proceso de trabajo.  Es necesario que quede otro tipo de registro que el paso del tiempo no borre ni deteriore. Algo más estable y seguro que lo que cada uno se acuerde en el futuro.

Para comprobar cómo funciona nuestra memoria, la de todos, probemos preguntar a nuestros familiares sobre los recuerdos que tienen de algún evento compartido por la familia hace algunos años y tendremos tantas versiones como personas respondan. Cada uno recordará de los mismos hechos de manera distinta.

Francisco tiene sesenta y cinco años, Blanca sesenta y tres, y a veces les cuesta recordar de memoria el número de su teléfono móvil.  Imaginemos cuanto les costará dentro de cinco años acordarse lo que ahora acuerden, por ejemplo, sobre cómo se decidirá el ingreso de un familiar a trabajar en la empresa, o sobre la forma de ponerle precios a las acciones de las sociedades bajo las que operan las empresas cuando un hermano quiera venderle su parte a otro.

El registro escrito es fuente de consulta para cuando hace falta, un documento al cual recurrir cuando en una conversación la memoria de uno se acuerda de una forma o una parte, y la del otro, de otra. Es un recurso neutral, que permanece inalterable con el tiempo, y que despersonaliza el momento que lleva a consultarlo.  Es un apoyo permanente y de fácil acceso.

También ocurre a veces que las malas jugadas de la memoria son aprovechadas o producidas por algún pícaro que cambió de opinión respecto de lo acordado en el pasado, o quiere sacar alguna ventaja de la situación.

Allí lo escrito es contundente, y si está firmado, más aún.  El documento reduce la posibilidad de la deslealtad y la manipulación, porque desalienta a quien pretende hacerlo.  El incumplimiento de los acuerdos queda en evidencia, a la vista de todos.  Y ese efecto tiene un fuerte poder de disuasión para los familiares ventajeros.

Está claro que mientras lo escrito sea un documento interno de la familia, tendrá la fuerza de acuerdo moral entre los miembros que lo elaboraron y, eventualmente lo firmaron.  También valdrá para los integrantes de las próximas generaciones. Esto es mucho, aunque no suficiente.  Es necesario agregarle la potencia que el paso del tiempo debilitará.

Existen en la legislación civil y comercial de nuestro país una pocas herramientas jurídicas que bien usadas pueden darles a los acuerdos una fuerza legal que sea un gran aporte al cumplimiento.  Algunas son sencillas, otras no tanto.  Están allí, al alcance de las familias que quieran utilizarlas. De esta forma lo acordado no solo estará escrito y firmado, sino que estará instrumentado de tal manera que el pacto moral se convertirá en un contrato entre los firmantes y, en parte, factible de ser opuesto frente a terceros.

No es este el espacio para ahondar en lo jurídico, no soy yo el idóneo para hacerlo.  Los abogados conocen y manejan estos recursos, y cada familia debe tener uno de confianza. Es solo cuestión de consultarlos y tomarse el trabajo de respaldar jurídicamente lo acordado. Subestimar su necesidad y su valor es una actitud cuyas consecuencias siempre aparecen cuando ya es tarde.

La conversación es el modo de construir los acuerdos familiares duraderos y que generen el compromiso de cumplimiento por parte de los que los construyeron.  Los documentos escritos son un recordatorio para ellos y un instrumento que contiene las normas que deberán cumplir las generaciones por venir.  Los instrumentos jurídicos son la fuerza legal para cuando falle la voluntad de cumplimiento. Conversen.  Acuerden.  Escriban.  Firmen.  Instrumenten. Complejo pero posible. Más sencillo si se busca ayuda. Continuará …