Mirando la Argentina desde más lejos

Ing. Alberto Bottai 

He regresado recientemente de un viaje por países del otrora Imperio Austro húngaro y el cambio que observamos al arribar a Argentina fue, lamentablemente, importante. No me refiero a su historia, ni a las construcciones de sus palacios imperiales, sino solamente hablo de los servicios, tanto públicos como privados, situación que me hace comprender claramente que vivo en un país que padece un importante atraso. Específicamente, carreteras, hoteles, baños, tienen en ese lugar un nivel que no logramos en nuestro país.

 Pero lo más lamentable, es que me consta que esto no fue siempre así. Hace 53 años estuve por esta misma zona y en esa época existía también diferencia con nuestro país, pero justamente al revés, los atrasados eran ellos y no nosotros.

 Mas allá de la frustración que siento como argentino por pertenecer a una generación que vivió siempre en una Argentina en constante decadencia, cuya responsabilidad asumo, no dejo de pensar en el porqué de nuestro estancamiento sin solución de continuidad.

 Cuando busco la diferencia entre los distintos comportamientos de sus habitantes, en primer lugar, veo que allí cobran todo. Muy lejos de nuestros subsidios, las cosas cuestan lo que valen y hasta se cobra el acceso a un baño, en un parador de una ruta. Es decir, hay una mentalidad de que cada uno debe pagar exactamente lo que consume. Se exalta el derecho de que cada uno disponga de su dinero de la forma en que le plazca. Por el contrario, nuestra sociedad no soporta que se quiten subsidio a tarifas de servicios públicos y de esta forma nos condenamos a tener servicios de menor calidad. Esta costumbre o cultura también influye en disminuir el deseo de superación y progreso de los individuos, que perciben que el trabajo personal no se refleja exactamente en su nivel de vida porque todo se nivela de una manera casi comunista, ideología ya en extinción en todo el mundo, aunque nosotros cultivemos una particular rama de ella que no la entienden ni los partidos de izquierda europeos.

Mirando la Historia, percibo que todos los pueblos han tenido este comportamiento cíclico. El imperio Romano, el español de Carlos V, el Portugués, etc, han sufrido su decadencia y otros pueblos han progresado. El ejemplo que nos ocupa, Hungría, República Checa, Croacia, luego de soportar el régimen comunista, donde las pude ver en ese estado de atraso en relación a nuestro país, sufrieron guerras de división interna y sin embargo hoy lucen superiores, organizadas, mostrándome que también nosotros podremos lograr ese cambio.

 Todo esto me hace reafirmar mi convicción de permanecer en un camino de cambio, camino que se muestra duro y complicado como lo fue para todos los que lo lograron. No desesperemos si el dólar nos parece demasiado alto: Si somos un país atrasado, no pretendamos que nos cueste barato ir al exterior. La cantidad de argentinos en las tribunas Rusas no condice con nuestra realidad económica. Por otro lado, con el dólar barato no nos fue bien. Y tampoco tengamos en cuenta a aquellos que dicen que no existe un plan económico. Claro que existe, pero hay que cambiarlo constantemente, porque nuestra costumbre o cultura no lo deja funcionar. Recordemos que la economía es una ciencia que depende de las medidas económicas y de lo que hace la gente y como vimos, no somos capaces de aceptar un precio de la energía que apenas cubre el 80% del costo de generación. Tampoco cultivamos la cultura del ahorro. La prosperidad no sobreviene sin sacrificio.

Pero no me resigno a pensar que no podremos lograrlo.