Empresa familiar: ¿Cuánto ganan los familiares?

 

El sueldo que ganan los familiares en la empresa es una fuente de conflictos y una puesta en evidencia de las contradicciones al momento de decidirlos 

Por Sergio Messing 

“Al final, aquí no importa cuanto sepas o cuanto pongas el lomo, para llevarse la guita al bolsillo como todos japoneses”, se quejaba Jaime en una reunión de trabajo que tuvimos al inicio de nuestra relación de trabajo.

Él tiene cuarenta y cinco años y heredó junto sus hermanos Ricardo, de cuarenta, e Irene de treinta y ocho, una cadena de heladerías en Córdoba.  Empezó a trabajar en la empresa de la familia a los veinte años.  Diez años después ingresó Ricardo y cinco años más tarde se incorporó Irene.

Para no hacer diferencias entre los hermanos, el padre siempre les pagó a los tres la misma remuneración, y ese criterio quedó instalado como parte de la cultura familiar, aún con las grandes diferencias de responsabilidades y dedicación que existieron siempre.

“Yo soy tan socia como él, así que no entiendo porque debería ganar menos.  Y si trabajo menos en la empresa es porque tengo otras actividades”, dijo Irene en la conversación privada que tuvimos con ella.

Cuando el padre falleció y ella y sus hermanos se convirtieron en propietarios por partes iguales de las acciones de la sociedad anónima bajo la que opera la empresa, reorganizaron el trabajo y quedó a cargo del pago a proveedores.  Ricardo quedó como responsable de logística para atender los veinte puntos de venta, y Jaime como Gerente General conduciendo la operación de toda la empresa.

Es habitual que cuando los familiares trabajan en la empresa confundan los criterios con lo que se determinan el sueldo que se les paga, y más aún si son dueños y creen que debe guardar relación con el porcentaje del que son propietarios.

Ocurre frecuentemente, como en este caso, que por no hacer diferencias entre los hijos, cosa razonable en el ámbito familiar, se equipara la remuneración, o lo que es peor aún, se fuerzan situaciones para que parezca que en la empresa todos los hermanos merecen ganar lo mismo, y así se genera una situación que es percibida como injusta por quién más aporta, cosa poco razonable en el ámbito empresarial.

Esto se prolonga en el tiempo hasta que se genera un conflicto, que mientras el o los padres están activos en la empresa, lo resuelven de la manera que pueden, actuando como árbitros frente a la cuestión.  Cuando los padres ya no están, las disputas aumentan en intensidad y pueden salirse de control y terminar mal.

Paradójicamente, aquello que comenzó con el objetivo de no generan peleas entre los hermanos, termina siendo la causa del origen de las mismas, y la diferencia de criterios entre la cultura de la familia y la racionalidad empresaria, la nafta que se echa sobre el fuego.

En el ámbito familiar el criterio con el que se maneja y se distribuye el dinero depende exclusivamente de como piense cada familia.  No es materia opinable de los consultores.  Si a todos por igual, si más al que más necesita, si más al que más méritos hizo; se decidirá en cada hogar y allí se resolverán las consecuencias.

Lo que no es aconsejable es utilizar en la empresa la misma lógica que se usa en la familia, porque son ámbitos que operan de una manera diferente.  Mientras en la familia reinan el corazón y las emociones, en las empresas lo hace el cerebro y la razón (o al menos así debería ser).

Evitar la confusión

La principal dificultad radica en evitar la confusión, sobre todo al tratarse de las mismas personas.  ¿Cómo hacer diferencias en la empresa con los hermanos que siempre fueron tratados con igualdad por la familia? ¿Cómo introducir un criterio distinto después de veinte o treinta años de decidir con uno?

El principal desafío de las familias empresarias está en preparar a sus miembros para evitar las confusiones que se originan en las convivencias entre los dos sistemas: la familia y la empresa.

La confusión de Irene, y posiblemente la de toda su familia, la heredaron de su padre que, seguramente, se murió creyendo que había hecho lo mejor.  También, hay que decirlo, hizo lo más cómodo.

Determinar lo que hubiese tenido que ganar cada uno de acuerdo a la responsabilidad asumida y los resultados obtenidos, plantearlo frente a sus hijos estableciendo diferencias que no hubo antes, y fundamentar esas decisiones, hubiese sido un trabajo para el que el padre no estaba preparado ni técnica ni emocionalmente.  Entonces, o no se dio cuenta, o se dio cuenta y decidió esquivarlo.

Ahora es un trabajo que los tres hermanos deberán hacer, con la complejidad agregada de que lo que cada uno exprese, más allá de la racionalidad, será tomado con una defensa de su interés individual.

Cada puesto de trabajo  en una empresa, familiar o no, puede ser analizado y determinar con bastante precisión que sueldo debe pagarse a la persona que lo ocupa.  Eso debería hacerse siempre, así la empresa tiene un sistema de remuneraciones que no dependa de la arbitrariedad de una persona, y lo que cada uno se lleva al bolsillo, sea un familiar o no un familiar, es la justa compensación que recibe por el trabajo que realiza.

Si el padre de Jaime, Ricardo e Irene lo hubiese hecho a tiempo, hoy  no habría discusiones y cada uno hubiera sabido antes de entrar a trabajar en la empresa cuanto iba a ganar por su trabajo.

Complejo pero posible. Más sencillo si se busca ayuda.

Continuará…