Qué Líderes serán los Millenials?

 Sé en este punto que a más de uno le gustaría contestar tal como lo hacen muchas madres a sus hijas cuando se les indica una falla: “Ya te va a tocar a vos cuando seas mamá…” con un poco de razón y otro poquito de deseo de venganza…

Sabemos, no solo por numerosos estudios sino también por nuestra práctica como psicólogos organizacionales, que los denominados Milenarios tienen un vínculo bastante especial con las figuras de autoridad dentro de su trabajo. Relaciones paradójicas en donde se pide al jefe autonomía y contención a la vez, debiendo estar aquel en la delicada frontera que separa empleador de papá. Es una relación extraña en la que el muchacho pretende cercanía pero sin sofocos y es indudable que cumplir con estos requerimientos no resultará sencillo para aquel que le toque liderarlos.

Asimismo, su grado de conformidad con la organización en general está altamente determinado por este factor: “A la hora de dejar una empresa, la mala relación con el jefe suele tener mayor peso que los motivos puramente económicos. Así lo demuestra un reciente estudio de la consultora internacional Korn Ferry entre ejecutivos de 80 países, en la que sólo un 5% de los encuestados señaló un mayor salario como motivo principal para cambiarse de Compañía. En la vereda de enfrente, las discrepancias con su superior inmediato y la falta de oportunidades de crecimiento profesional ranquearon al tope de las quejas (con un 20 y un 33% de las respuestas respectivamente)” [1].

Entonces, lo que planteo es cómo se conducirán estos jóvenes al momento de tener personal a cargo: ¿Cometerán ellos los mismos errores achacados a los demás? ¿O bien podrán utilizarlos como ejemplos válidos para hacer algo diferente?. ¿Podrán ocupar ese lugar casi ideal del jefe que hoy imaginan para sí mismos?.

Es Freud quien enseña, en su maravilloso texto “Recordar, repetir, reelaborar”[2] que la diferencia fundamental entre una y otra acción estriba en el grado de tramitación que haya tenido en el inconciente de cada uno. Así, mientras más traumática es la experiencia, será más difícil su incorporación saludable a la vida psíquica. En términos del autor vienés, todo lo que no podemos asumir efectivamente, tenderemos a repetirlo: “Lo que no se recuerda ni elabora, se repite”. Esto aplica tanto a la sucesiva elección de parejas nocivas con determinados rasgos de conducta, como al hecho de situarse constantemente en un lugar dominante o dominado.

Mi hipótesis es la siguiente: Dependerá de cómo cada joven procesó sus primeras experiencias con los superiores. Si las mismas fueron traumáticas, es decir que superaron su umbral de tolerancia, éste tenderá a repetir la acción del jefe, mutando de un lugar pasivo a uno activo. Concretamente, si tuvo un jefe con conductas muy aversivas, y estas superaron la barrera de tolerancia al dolor (malestar) del muchacho, lo más probable es que cuando a este le asignen personas a cargo repita tales comportamientos aversivos. Si, por el contrario, la experiencia vivida no tuvo tal cariz, o bien, el Millenial pudo procesarla, lo más factible es que su trato y modalidad relacional con su colaborador sea positiva, e incorpore aquellos elementos que él mismo valora, llámese brindar autonomía, flexibilidad y contención.

[1] https://www.cronista.com/impresageneral/Llevarse-mal-con-el-jefe-el-principal-motivo-de-renuncia-20090420-0001.html

[2] Freud, Sigmund “Recordar, repetir, reelaborar”. Obras Completas, Tomo XII. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1980